Grandes Reportajes de RFI

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By RFI Español
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Grandes Reportajes de RFI episodes

  • Islas Lofoten: resistir al sobreturismo a través de la memoria y la cultura

    Con el auge de Instagram y Tiktok, las islas Lofoten en Noruega, han cobrado una notoriedad inesperada, atraen anualmente a más de un millón de turistas pese a tener una población de 25 mil habitantes. Este sobreturismo empieza ya a tener efectos nocivos, la degradación de áreas naturales, el excremento de humanos en jardines y cementerios, pero también la pérdida de identidad. El rorbur, la típica casita roja de los pescadores se ha convertido en el símbolo máximo del airbnb ocultando poco a poco siglos de tradición pesquera.

    Reportaje elaborado con la colaboración de Edoardo Malvenuti

    A principios del siglo XIX, cuando el invierno llegaba a Noruega, los pescadores del extremo norte del país sabían que había llegado la hora de dejar las labores de la tierra para dirigirse a Lofoten y, a punta de remo, empezar la temporada del bacalao. La travesía duraba días en los que, envueltos en pieles y alumbrados por las auroras boreales y las pocas horas de luz que el invierno nórdico les permitía, ellos remaban y remaban hasta tocar puerto. Exhaustos, volteaban sus botes y se protegían allí de los vientos invernales; otros, los más afortunados entraban en unas casitas rojas, el color más barato de la época y cerraban los ojos a la espera del inicio del día de pesca. Hoy, dos siglos después, las mismas islas que antes hervían de comercios, de vida y de pescadores, han ido vaciándose poco a poco, las fábricas pesqueras desapareciendo y los residentes locales han visto llegar a nuevos pescadores: turistas pescadores de instantes y repetidores de experiencias.

    Hoy, capturar lo bello con una ráfaga de fotos, congelar y maximizar con filtros el instante de un lugar remoto para soltarlo luego en el mar de las publicaciones de Instagram o de la red social de preferencia, se ha vuelto la norma. Publicar, consumir y ser consumido, parece ser el lema de hoy y del turismo de masa que inunda hasta los lugares más remotos del mundo como las islas Lofoten, pese a encontrarse a 150 kilómetros del círculo polar ártico. 

    Tal vez, la maldición de Lofoten empezó hacia el 2005 cuando la National Geographic catalogó la playa de Uttakleiv como el lugar más romántico del mundo. Desde entonces, todo fue cuesta arriba - o cuesta abajo-  y solo se acentuó con la masificación de las redes sociales y el auge las compañías lowcost.  Esta playa que antes solo recibía a sus 12 residentes y a algunos visitantes esporádicos, de pronto llegó a recibir, en un solo verano, hasta 250 mil personas. Un caso similar es el de la montaña de Reinebringen, pese a no ser de las más altas de Noruega es muy famosa por las vistas espectaculares desde sus cimas. Ella recibía en 2020 a unos 50 mil turistas, en 2024, la cifra aumentó drásticamente a 250 mil visitantes. 

    Sin embargo, en Lofoten el sobreturismo no golpea visualmente como en las grandes ciudades. Al ser un territorio vasto con una población pequeña y diseminada, su presencia se percibe en detalles, al principio sutiles,  para luego imponerse con toda su fuerza sin dejar espacio a dudas. En Stamsund, una ciudad de mil habitantes perteneciente a la isla de Vestvagoy, donde ni siquiera existe una farmacia, la imposición del airbnb como modelo de negocio se revela a través de pequeñas cajas negras de seguridad colocadas sistemáticamente al lado de las puertas de los rørburs, las casas típicas de los pescadores que hoy se han convertido en el hotel de moda de los turistas de todo el mundo.

    Los rørburs, sobrevivientes del pasado y símbolo del airbnb

    Estas casitas que son hoy la foto postal más conocida de Lofoten dan cuenta en realidad de la historia de las islas y de una identidad que parece tambalearse a medida que el turismo de masa se impone. Jack, un carpintero y residente de Stamsund, observa los cambios en las islas sin mayor apego, sabe que en las condiciones económicas actuales, el turismo es necesario para la población, pero lo que sí parece conmoverlo es la madera y las construcciones actuales que utilizan el nombre de "rørbur"

    Llaman rorbur, a todas estas casas nuevas que están cerca del mar. Pero no es un rorbur en lo absoluto. Tienen azulejos en el baño y calefacción en el piso y tienen ventanas ventanas. Así que ni siquiera es una copia. Solo tienen el mismo color. Son pequeños hoteles. Es solo un nombre

    Actualmente, Jack tiene un proyecto importante, renovar un rorbur de unos 100 años de antiguedad y que se encuentra en la bahía de Steine. Amante de la madera y del trabajo delicado de las antiguos carpinteros, Jack observa que cada pieza de ese antiguo rørbur fue elegida y unida con cuidado. Un cuidado y un tiempo de trabajo que casi parecen incompatibles con el ritmo vertiginoso de hoy. 

    Creo que este (rørbur) es bastante especial porque es de madera y está muy bien hecho … La madera ha sido trasladada desde el sur en barcos. Las trajeron aquí desde Trondelag y Helgeland, porque aquí en esta isla no tenemos madera ni bosques como estos (...)  Soy carpintero de profesión. Y me encantan estas cosas antiguas. Yo podría utilizar mi motosierra y hacer lo que tengo que hacer, Pero veo que lo han hecho todo a mano y apenas hay espacio entre las vigas. Y han trabajado mucho para que quede tan bonito. Así que, por ejemplo, ahora que voy a hacer esta puerta, tengo que usar mi motosierra y quitar la pared de madera, y ay, me duele tener que matar esta pared. Pero quedará bonito

     

     

     

    Silent Steine: revivir una bahía y revivir a los rørburs

    El trabajo de Jack se enmarca en un proyecto más grande, forma parte del ambicioso deseo de repoblar una antigua bahía de pescadores que hoy se encuentra deshabitada. Repoblar es, tal vez, una palabra muy grande, por lo pronto, el proyecto de Evan, amigo de Jack, implica restaurar y renovar los rørburs que han sobrevivido los embates del tiempo. El objetivo, dice, Evan, no es turístico, él como otros residentes advierte que con la llegada del turismo de masa, lugares como Steine pueden convertirse rápidamente en estaciones turísticas y enterrar la memoria de la isla.

    Es particular, pero tanto la memoria de los pescadores y de la época del bacalao como otros eventos que marcaron la vida de los habitantes de entonces, siguen presentes en el discurso de hoy. Una de las primeras cosas que recibe al foráneo al llegar a Steine es una inmensa placa conmemorativa en honor a personas que fallecieron en 1906. Escrito en Noruego es difícil obtener más detalles, sin embargo, al poco tiempo de conversar con Jack y sin que se lo hubiésemos pedido, la explicación aparece. 

    La montaña se derrumbó. Fue una avalancha. Nieve, rocas y todo eso cayó sobre Steine. ¿Ves esa piedra? Esa roca enorme cayó en esa época. Fallecieron diecinueve personas que tenían entre 16 y 60 años. La tormenta se llevó la iglesia y también el hospital se quemó o se volcó. La carretera estaba antes en la costa, en el mar. Esa era la carretera. Mi viejo amigo venía desde lejos en su bote trayendo la leche a Steine. Dos veces al día venía. Hoy, todo eso ha quedado atrás, los rørburs de hoy - que no lo son - incluso tienen su propia televisión con cable y todo.

     

    Frente al temor de que una nueva avalancha de turistas se lleve definitivamente lo que queda de Antigua Steine, Evan ha ido comprando los rørburs de la zona con un solo objetivo: 

    Preservar la memoria. Sí, eso es lo que estoy tratando de hacer. Renovar algunas de las cabañas y, tal vez más adelante, alojar a algunas personas y decirles que pueden vivir como pescadores durante unos días, pero no como turistas. Quiero renovarlo tal y como era antes, pero hacerlo de la manera correcta y no poner una televisión ni todas esas cosas.

     

    Robert Capa también pasó por Stamsund

    Hoy en Stamsund solo existen dos supermercados para los mil habitantes permanentes. No existe ni farmacia ni hospital ni un bar. El único que cumple esas funciones el hotel del pueblo que es también el único y donde los precios no necesariamente invitan a multiplicar la clientela. Existe también un salón de té con un carrot cake buenísimo que es, probablemente, el único punto de encuentro social en Stamsund. 

    ¿Ves ese salón de té? Ningún lugar ha sido tantas cosas como ese salón de té. Al principio fue un prostíbulo, luego fue una farmacia, luego ni me acuerdo qué fue, pero ahora es un salón de té, dice Berit una residente de Steine, a unos 10 minutos en auto de Stamsund.

    Berit creció con los pescadores y los rørburs, ella recuerda los tiempos previos a 1980, cuando el mar de Noruega aún hervía de bacalao y cómo eso atraía a miles de pescadores. La bonanza de las islas y de Stamsund era tal que la tía de Berit logró que el famosísimo reportero de guerra y fotógrafo Robert Capa desvíe su trayectoria y vaya a Stamsund a observar la pesca del bacalao 

    No sé si él trabajaba para la revista Life o para quién. Era 1952, los Juegos Olímpicos se celebraban en Oslo y él ya estaba aburrido, quería volver a casa, pero le dijeron que no, que tenía que ir a cubrir la pesca del bacalao en las islas, y en realidad se suponía que debía ir a Svolvaer, porque es la capital de Lofoten. Siempre ha habido rivalidad entre Svolvaer y Stamsund... Cuando iba de camino, conoció a mi tía en el barco. Probablemente ella era tan habladora como yo. Así que ella le dijo: «No, no vas a ir a Svolvaer, vas a ir a Stamsund y te vas a quedar con mi familia», y así lo hizo. Se quedó aquí y tomó muchas fotos (...) se quedó con mi familia durante mucho tiempo. Como forma de retribución, invitó a mis padres y a mi tío y tía a París. Les dijo: «Cuando vayan a París, búsquenme». Así que fueron a París para reunirse con él, pero a él lo habían enviado a una reunión o algo así y les dejó un mensaje para que fueran a la agencia de fotografía Magnum y tomaran todas las fotos que quisieran. Escogieron algunas y Robert Capa también les dijo que podían ir a un restaurante y que pusieran todo en la cuenta de él. Así fue como estas fotos llegaron a Lofoten.

    El teatro y la cultura para preservar la memoria

    La memoria en Stamsund se mantiene viva no solo por el relato de historias como las de Berit o iniciativas como las de Evan sino también por la producción cultural activa del lugar. En Stamsund existen tres teatros en un radio menor a un kilómetro y para una población local de mil habitantes.

    Uno de los directores de teatro es Andreas Eilersten, él dirige el teatro Eilersten - Granados

    Alguien tiene que contar las historias. Y es. Es necesario. Uno de los primeros trabajos que hicimos aquí fue buscar historias, investigar para tener como un archivo para hacer teatro. Eso todavía está vivo. Que tenemos esos mitos, esa música, esas tradiciones, esas danzas y hay que transformarlo. Hay que intentar eso. Yo quiero que esa sea una inspiración para los artistas que vienen aquí a nuestro teatro, porque así sigue vivo, que la cultura, el arte no se quede parado.

    Andreas llegó a Stamsund hace 35 años y ha ido observando el cambio vertiginoso que ha desatado el turismo de masa. Él no está en contra del turismo, como todos los residentes de las islas saben que el ingreso de la industria turística es necesario para evitar que más ciudades sigan despoblándose. Andreas comenta que la isla de su padre también pescador, ahora está completamente deshabitada, pese a que durante la época del auge del bacalao habían barcos directos que lo conectaban con Londres. Uno podía ver a la gente de Lofoten con la misma moda que en Londres o en París, dice Andres quien advierte acerca del crecimiento acelerado del turismo

    Stamsund todavía no es de lo más turistificados, pero se nota que la gente está construyendo cada vez más casas para el turismo y más Airbnb. (...) Y esos problemas son no son únicos para Lofoten, es igual en Barcelona. Me gusta también ver gente aquí. Tampoco podemos tener pueblo de fantasmas. Pero hay maneras de hacer las cosas y el crecimiento demasiado rápido no está bien. Estamos hablando del tema del turismo porque realmente es algo que ha subido muy rápido en pocos años. El ejemplo de la montaña en Reinebringen que en 2020 tenía 50.000 visitantes subiendo la montaña y en 2024 250.000. Es un crecimiento muy muy, muy grande en muy poco tiempo y. Hay que preparar un poquito antes de abrir la puerta y decir Bienvenidos

    La basura, el principal problema

    Para un territorio con una población de 25 mil habitantes, recibir un flujo superior al millón de turistas al año implica una serie de enormes desafíos. El principal es el manejo de los desechos, de la basura y de los excrementos humanos que se acumulan en diferentes lugares. No es, felizmente, aún el caso de Stamsund donde los únicos paneles que vimos advierten contra el uso indiscriminado de drones y contra el hecho de acampar en cualquier lugar. Las autoridades saben, sin embargo que es una realidad y es por ello que el año pasado se aprobó una impuesto a los turistas, como un intento de empezar a paliar los primeros síntomas del sobreturismo. No se trata de un impuesto obligatorio sino a potestad de los municipios que pueden decidir si aplican o no esta tasa que no podrá superar el 5 % del precio del alojamiento. El sector hotelero critica una medida que penalizará a los noruegos sin resolver los problemas y que tal vez no se adapta a la realidad pues el problema de los desechos tiene que ver con que no existe suficiente infraestructura para recibir la avalancha turística. 

    Al respecto, el vice alcalde de Vestvagoy expresa también sus preocupaciones: 

    Nos gustaría tener más control sobre las personas que pasan la noche aquí. Si están haciendo turismo o acampando, nos gustaría organizar mejor las cosas para que puedan parar donde quieran pero que por la noche vayan a otros lugares, que estén preparados para acogerlos. Y el principal problema es que los baños y la basura se están desbordando con esta acampada salvaje. Es un problema, sí. No es un problema enorme, pero existe. Por lo tanto, le corresponde a la comunidad hacer mejores arreglos con los baños, con el lavado y la información, dónde se puede ir al baño, dónde se puede lavar, dónde se puede hacer esto y aquello, para que los turistas sepan cómo deben actuar. Así que estábamos trabajando desde el municipio en este tema. Y las empresas privadas también están estudiando esto.

    Frente a destinos turísticos cada vez más saturados, las islas Lofoten se convierten en una elección sin pierde. Pese a encontrarse casi al extremo del mundo, sus temperaturas en verano bordean los 24 grados centígrados, las vistas desde las montañas son mágicas, el mar ha vuelto a ser generoso, el skrei o bacalao noruego ha regresado a las corrientes del mar de Noruega, y a medianoche es posible ir a la playa a observar el mágico espectáculo de un sol que jamás duerme. En Lofoten, los animales se pasean aún con los humanos, las gaviotas, las águilas, las nutrias, los peces, las ballenas, los salmones; en pleno siglo XXI, en Lofoten los niños aún salen por la noche a manejar bicicleta, y el turista sabe que puede recorrer largas y solitarias carreteras sin temor alguno, ni a la oscuridad ni a otros humanos pues en estas tierras todo el mundo se conoce y aún se saluda al cruzarse en el camino. Como antes frente a la fiebre del bacalao, hoy las islas Lofoten enfrentan un nuevo desafío, pero tal vez han aprendido ya la lección: cuotas y moderación y no pescar ni turistas ni bacalao más de lo permitido.

    15 min
  • La moda, herramienta para la paz en Colombia: cuando víctimas y exguerrilleros trabajan juntos

    A medida que la violencia se ha intensificado en los últimos años en Colombia con la creación de varios grupos disidentes de las FARC, algunos intentan consolidar la paz firmada en 2016. Un grupo de una decena de ex-combatientes de la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) se ha lanzado en el sector de la moda, creando una red de confección de prendas de vestir junto con las víctimas del conflicto armado y ciudadanos voluntarios. Hoy, emplea a cientos de ex-guerrilleros y víctimas del conflicto. Esto a pesar del dolor, el miedo, las amenazas de muerte, la estigmatización y la falta de financiación.

    Escuche el reportaje completo de nuestra corresponsal en Bogotá, Najet Benrabaa

    En una pequeña casa de dos pisos en el barrio de Bosa, en el sur de Bogotá. Una decena de mujeres están sentadas frente a sus máquinas de coser. Estamos en el taller colectivo Las Soberanas por la Paz. “Tenemos cinco máquinas planas, una botonadora, una máquina collarín, tenemos dos fileteadoras, una mesa de corte, una troqueladora…”, menciona Patricia Piedrahita Carvajal, directora de este taller desde su creación en 2017. 

    Mientras algunas costureras están delante de las máquinas de coser, otras están escogiendo la ropa del día que van a terminar con la impresión de un dibujo directamente en la camisa o en el jersey. Son dibujos de cómic o de dibujos animados como Snoopy, Los Simpson o Mafalda, el personaje argentino que dice “aquí nadie se rinde” o Bart Simpson diciendo “todo este maldito sistema está mal”. También hay mensajes feministas como “No somos competencia juntas, somos resistencia”. 

    “Hace cuatro años creamos la Asociación Asocunt que es una asociación agroecológica donde hay cuatro emprendimientos: Soberanas por la Paz, Aromaticas Kinde, la tienda Suma + Paz, y la Granja Agroecológica. A mí me dijeron que pues que liderara el proyecto textil. Ahí ya nos entregaron las máquinas y empezamos a recibir capacitaciones”, recuerda Patricia. 

    Para entender un poco tu historia, ella cuenta cuales son las razones por las que ingresó a la guerrilla. “A mí lo que me motivó fue que el Estado colombiano, los paramilitares, asesinaron a mi mamá cuando yo tenía cinco años. Entonces no es como el pueblo a veces juzga a los excombatientes que dicen que nosotros fuimos asesinos, fuimos secuestradores, no, nosotros para ingresar a la guerrilla, primero fuimos víctimas. Nosotros fuimos víctimas porque nos asesinaron a mi mamá, a toda nuestra familia, nos quemaron la casa, nos sacaron de la casa corriendo después de estar con una y otra familia viviendo. Ya cuando llegamos a cierta edad nos tocó ingresar a las FARC porque no tuvimos otra oportunidad ni nos dejaron otro camino. Sí, Entonces por donde nosotros íbamos con el solo apellido ya sabían que éramos hijas de un guerrillero. Entonces, ¿qué nos pasó? Nos tocó ingresar a la guerrilla para luchar por nuestros derechos. Yo creo que tenía como unos 16 años”, rememora. 

    La hermana de Patricia, Rosa Amalia Piedrahita, también formó parte de las FARC. Renunció a su pasado de combatiente para construir una paz sin armas. Ahora está terminando el montaje de una sudadera. “Esta máquina es una fileteadora. Con ella se hacen bordes para que la tela no se despegue, no se descosa y para que la prenda quede confeccionada de la mejor manera. O sea, para que le dé estética a la prenda que se va a confeccionar”, detalla Rosa. 

    Para las hermanas Piedrahita se acabaron los uniformes militares, las armas y los campamentos en la selva. Ahora son costureras y trabajan junto a civiles. Muchos de sus compañeros son víctimas del conflicto armado y como ellas desean consolidar la paz. 

    Como Luz Amparo Gaitán Cruz. Ella se unió al taller para capacitar a las mujeres de la organización, supervisa el trabajo del taller y pasa de mesa en mesa durante todo el día para dar sus instrucciones de cómo confeccionar chaquetas, sudaderas con capucha, blusas, polos y ropa deportiva. 

    “Yo soy del Líbano, Tolima, vengo del campo. También fui nacida y criada en una finca de mis padres. Desde muy pequeñita me ha gustado la confesión. A los siete años me decían en la finca que era una abuelita porque ya sabía tejer a mano”, se rememora Luz Amparo. Durante su niñez, en su pueblo existía la guerrilla del M19 y asegura que les tocaba pagarle a ese grupo armado, lo que localmente se le llama una vacuna. “¿Una vacuna para que? Pues para vivir uno tranquilo, en paz. Eso sí, salía uno de la casa, nada se le perdía”, justifica. 

    Para ella trabajar con antiguas guerrilleras, firmantes de la paz no ha sido difícil. “Yo no las discrimino por eso ni nada, porque todos somos seres humanos, todos tenemos una vida cotidiana. Entre más las pueda apoyar, pues de mí lo que necesiten, estoy ahí firme”, aduce la experta textil. 

    Así como el grupo Soberanas se activa en el taller para mantener su compromiso por la paz, muchos exguerrilleros han vuelto a tomar las armas. Ahora conforman los llamados grupos de “disidentes FARC” y, según un informe del 2021 del Instituto de estudios para el desarrollo y la paz (Indepaz), el número de miembros de esta guerrilla disidente rondaría los 5.500 combatientes. 

    A pesar de todo, Patricia y sus colegas aseguran que no se rendirán. Se concentran en su proyecto y en la venta de sus productos. Una parte la encontramos en el centro de la ciudad de Bogotá, en un centro comercial llamado Mercado Concordia. Allí hay una tienda dedicada a lo que producen los ex-guerrilleros y víctimas del conflicto armado. También se pueden comprar otros productos como el biche, una bebida ancestral de los afrodescendientes en el pacífico colombiano, hecha de caña de azúcar. También se destacan productos locales como la cerveza La trocha así como cafés de varias regiones del país.  

    La tienda se llama SUM+PAZ y su responsable es Béatrice Arenas. Ella vende lo que fabrican los excombatientes y víctimas del conflicto que forman parte del llamado proceso de reintegración a la vida civil.  “Siempre el objetivo es ayudarles a vender sus productos para el proceso de reincorporación de ellos y de sus familias”, explica Beatriz.

    “Esta tienda la frecuentan más los extranjeros por ser esto turístico. Entonces acá es muy poco el mismo nativo de acá que la conoce porque no se atreven ni tan siquiera a subir por acá. No conocen ni la historia de de esta plaza como está remodelada, pues hay muchos todavía con ese resentimientos, porque al uno decirles a muchos a estos son proyectos de excombatientes que fueron de las FARC, pues ahí hay muchos, dicen no, pues ellos le hicieron mucho daño al país y enseguida ahorita vienen a vender. Entonces eso es falta de que también las personas aprendan a perdonar desde el corazón”, puntualiza la vendedora. 

    La RENA-C no es la única red que propone esta construcción de la paz a través de la producción textil. Hay muchas marcas, muchos proyectos que se iniciaron justo después de la firma de los acuerdos de paz en 2016 y son completamente independientes. Uno de ellos se llama “Manifiesta” y se encuentra también en Bogotá.

    Por su parte, la red RENA-C se ha extendido a varias ciudades del país. Y su sede abrirá pronto en Medellín. La red está financiada por organismos internacionales y suma alrededor de 300 exguerrilleros distribuidos en 32 talleres, y más de 1.200 civiles. 

    Su principal desafío ahora es abrir más tiendas, vender más para perennizar el proyecto. Un desafío a la altura del haber logrado reunir en un mismo taller, cara a cara, a exguerrilleros y a sus víctimas.  

    15 min
  • ¿Ha ganado Trump la guerra comercial?

    La guerra comercial desatada por el presidente estadounidense, Donald Trump, tiene sus raíces en desequilibrios macroeconómicos que, según los expertos, no serán solucionados por los aranceles.

    Donald Trump ha vuelto a sacudir el tablero político internacional. El fin de la Segunda Guerra Mundial trajo un consenso internacional para reducir progresivamente las barreras comerciales. Ocho décadas más tarde, las decisiones tomadas avanzan en la dirección contraria.

    El 7 de agosto entraron en vigor aranceles de entre el 10 y el 50% en decenas de países. Con algunos de ellos se han firmado acuerdos que reducen la tarifa a cambio de un compromiso de adquirir más productos y a invertir en los Estados Unidos. En el Programa Especial de RFI nos hemos preguntado cómo la mayor economía del mundo ha llegado a un déficit comercial con el conjunto del comercio exterior y cómo ha pagado por ello. ¿Ha salido ganando Trump con su estrategia desde su retorno a la Casa Blanca?

    No es el comercio, es la macroeconomía

    El déficit de la balanza comercial estadounidense no es un problema comercial, sino macroeconómico: en la base del desequilibrio hay una relación inadecuada entre ahorro y consumo. Esta es la idea principal que defiende el economista italiano Paolo Guerrieri, autor del libro Sovereign Europe (2024) y profesor visitante en Sciences Po París.

    “Hace casi tres décadas que Estados Unidos registra un déficit en su balanza comercial. Los estadounidenses producen mucho menos de lo que gastan y han podido financiar este déficit de largo plazo gracias al dólar como moneda internacional: otros países invierten en activos denominados en dólares, en negocios estadounidenses o compran su deuda”, explica Guerrieri.

    Mientras tanto, China se encuentra en una posición diametralmente opuesta. “El mercado chino produce mucho más de lo que puede consumir, con una demanda interna muy débil”, continúa el economista. Es decir, Pekín necesita exportar sus productos al exterior para sostener su crecimiento y reforzar el poder de su moneda.

    También Europa —y en particular las potencias exportadoras del centro y el norte del continente— se encuentra en una situación similar, con un consumo doméstico europeo insuficiente. Su modelo de crecimiento se ha basado en la exportación industrial, que se beneficiaba de un dólar fuerte que encarecía los productos estadounidenses —mucho menos competitivos—, y que ahora se enfrenta a la amenaza del cierre de mercados.

    El déficit en bienes se compensa en servicios y con el dólar

    “Esta es la peor manera de solucionar el déficit comercial”, afirma Fernando Guirao, profesor de historia económica y catedrático Jean Monnet en la Universitat Pompeu Fabra.

    Guirao explica que Trump podría haber mantenido la apuesta estadounidense por los servicios de alto valor añadido y las nuevas tecnologías, sectores en los que sus empresas siguen siendo más innovadoras y permiten que el país registre una balanza comercial en servicios mucho más favorable. “El déficit comercial se compensa con un superávit en la balanza de pagos”, afirma. “¿Prefieres fabricar zapatillas deportivas o dominar el mundo tecnológico?”.

    Además, el dólar mantiene su poder omnipresente, lo que permite seguir financiando un déficit que crece año tras año. “El dólar es una moneda con la que puedes endeudarte prácticamente de manera indefinida. Es la divisa de confianza generalizada del sistema”, concluye el profesor.

    Trump cumple los objetivos estratégicos

    Ante la pregunta de si Trump ya ha ganado la guerra comercial, la respuesta de nuestros invitados coincide. Ha conseguido condicionar la política comercial a sus intereses geopolíticos, pero solo hemos visto el primer asalto. La cuestión es si los consumidores norteamericanos podrán sostener el incremento de precios que prevén que traigan los aranceles.

    “Que está consiguiendo lo que él quiere conseguir es posible, pero eso no es una victoria, es el fracaso más grande para los norteamericanos”, dice Guirao, que cree que Washington se sabotea a sí mismo. “La principal economía del mundo tendría que garantizarse el acceso a los mercados y no hacer lo contrario, como está haciendo.”

    “No hay duda de que los elevados aranceles de Trump se reflejarán parcialmente en el precio de los productos estadounidenses y, por lo tanto, en el bolsillo del consumidor estadounidense. Es sólo cuestión de tiempo”, dice Guerrieri.

    Si bien es cierto que Trump ha conseguido firmar acuerdos aparentemente beneficiosos con la Unión Europea, Reino Unido, Corea del Sur y Japón, que le prometen inversiones y la compra de determinados productos, la duda permanece en su ejecución.

    De momento, en Europa el centro de estudios Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA) ya ha levantado la sospecha del compromiso europeo de gastar 750.000 millones de dólares en energía estadounidense, lo que consideran “poco realista” e “improbable”.

    Europa, incapaz de liderar

    El problema fundamental es que el resto del mundo ha cedido ante las débiles relaciones bilaterales propuestas por Trump, defiende el profesor Guirao. “Aquí es donde la Unión Europea tenía una responsabilidad, que lleva mucho tiempo arrastrando los pies y debería haber anticipado este fenómeno”.

    “El mercado europeo debería ser el mecanismo de compensación frente a la arbitrariedad norteamericana. El acuerdo con Mercosur ya debería estar ratificado, pero no es así. Este es el gran fracaso europeo”, añade.

    Por su parte, Guerrieri coincide en señalar la necesidad de mantener los mercados abiertos para evitar una recesión global. “El superávit comercial de China representará un desafío para muchos otros países. Es evidente que Pekín ya no encontrará una forma fácil de acceder al mercado estadounidense. Por lo tanto, buscará nuevos mercados en Latinoamérica, Asia y Europa, lo que podría ser la fuente de la expansión de políticas proteccionistas fuera de Estados Unidos”, afirma el economista italiano.

    El multilateralismo está roto

    Si algo queda claro es que no existen mecanismos de cooperación para afrontar las amenazas que llegan desde Washington. Un imponente edificio delante del lago Leman, en Ginebra, representa mejor que ningún otro sitio ese fin de época del que nos hablan Guirao y Guerrieri. Con 1.300 ventanas y más de 2 kilómetros de pasillos, esta es –desde hace treinta años– la sede de la Organización Mundial del Comercio.

    En esta fortaleza del comercio internacional trabajan 600 personas de 90 estados distintos. Su principal misión es mediar disputas comerciales entre países de acuerdo al derecho internacional. Sin embargo, en el año 2019 la primera administración Trump bloqueó la renovación del Órgano de Apelación, responsable de emitir fallos vinculantes y decidir sanciones en caso de incumplimientos del derecho comercial. Desde entonces, la organización no puede resolver la decena de disputas que le llegan cada año de los países miembros.

    El gobierno de Estados Unidos acusa a la organización -ya desde la época Obama- de favorecer a los países en desarrollo, a quienes el acuerdo alcanzado hace treinta años daba un trato preferencial. Pero nunca se había ido tan lejos. Biden mantuvo el bloqueo de la primera administración Trump y, en su segundo mandato, el actual presidente ha desatado de nuevo una guerra comercial contraria a los acuerdos de los que aún son parte, sin apelar a unas condiciones de excepcionalidad ni proporcionar excusas a Ginebra.

    La complejidad de la reforma

    El embajador de Noruega ante la OMC, Petter Ølberg, es uno de los hombres responsables de la reforma de esta entidad. Ølberg reconoce ante los micrófonos de RFI la dificultad de cambiar el rumbo en Ginebra.

    “Dos tercios de nuestros miembros son países en desarrollo, pero los más grandes en términos comerciales son países desarrollados. Lograr el consenso no es fácil. Nos hemos embarcado en este proceso porque la gente está comprendiendo que la forma en que la organización ha estado trabajando no funciona”, afirma quien fuera presidente del Consejo General de este organismo hasta el pasado febrero.

    “No hemos podido tomar decisiones importantes en los últimos años. Siendo honestos, muy pocas en los últimos 20 años”, continúa Ølberg. Una situación crítica desde el fracaso de las negociaciones de Doha, pero que ahora se agrava. “Desde que Trump asumió el cargo, ha cambiado las reglas del juego. Ahora dicen que el sistema que teníamos, la OMC y las normas multilaterales, ya no funciona. Los aranceles contradicen la idea misma de la OMC”.

    Conclusiones del “primer asalto”

    Los expertos consultados para este reportaje coinciden en señalar que las consecuencias serán negativas para la economía estadounidense y la global. Según ellos es aún poco claro si los aranceles permanecerán en el tiempo o la Casa Blanca hará marcha atrás y volverá a la política exterior que ha defendido en los últimos ochenta años.

    Lo cierto es que -sin embargo- Trump ya ha dado un vuelco a los ingresos ante un déficit en el presupuesto de los Estados Unidos que no para de crecer. Mientras ha aprobado una reducción histórica de impuestos, los ingresos arancelarios del Gobierno estadounidense se han disparado. En junio de este año ascendieron a 28.000 millones de dólares, el triple que en el mismo periodo del 2024, según datos oficiales del Tesoro estadounidense.

    Una de las preguntas que quedan para responder es si el nuevo orden presupuestario será adicto a esos ingresos para rebajar la deuda. También si los compromisos alcanzados con la Unión Europea llegarán a buen puerto y si los consumidores estadounidenses asumirán el incremento de precios que predicen los economistas.

    Los expertos coinciden. De permanecer en el tiempo, los aranceles podrían implicar un cambio de época definitivo en el sistema económico internacional. El orden multilateral que ha reinado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se tambalea una vez más. Ahora, en la Casa Blanca, se hacen negocios país a país.

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  • El futuro entre redes: sobrepesca en el Bósforo turco

    El estrecho más emblemático de Turquía es también escenario de un colapso ecológico que confronta a la industria con la tradición y que amenaza el futuro de la seguridad alimentaria de Estambul. Este reportaje radiofónico fue realizado por María José Ballén de la Universidad Externado de Colombia, y obtuvo la mención especial de la décima edición del Premio Reportaje de RFI en Español.

    Escuche el reportaje de la colombiana María José Ballén, estudiante de la Universidad de Externado de Colombia, mención especial de la undécima edición del Premio Reportaje de RFI en Español.

    Si Estambul, en Turquía, tuviera un alma, esa de seguro sería el Bósforo, el estrecho que la atraviesa por la mitad y es la única conexión del Mar Negro con el mundo. En 2024, solo en los primeros nueve meses del año, 41.363 barcos cruzaron sus aguas según el Ministerio de Transporte e Infraestructura de Turquía. De esos, 15 mil fueron buques de carga, 32 de guerra y 8 mil graneleros, entre otros. Sin embargo, el trafico que se registra en su superficie no tiene comparación alguna con el proceso que ocurre en sus profundidades. Uno del que nadie se ufana, pero del que todos se benefician: la migración reproductiva de peces en invierno desde el Mar Negro al Mar de Mármara, el Egeo y el Mediterráneo en ese orden. Es un éxodo inadvertido ese al que se arrojan millones de peces pelágicos—aquellos que viven en cardúmenes cerca de la superficie—, por las aguas medias del estrecho. Como todas las otras contiendas por los recursos naturales, es igual de silenciosa la sobrepesca indiscriminada que lideran los barcos arrastreros y cerqueros, la cual empuja a las reservas de peces de la región, año tras año, un paso más cerca de un abismo irreversible.

    Ozman, un pescador artesanal más de la ciudad que presencia la agonía de una tradición sobre la que se han alzado poblaciones enteras en la provincia de Estambul, como Sariyer—un distrito que representa el 40% de la pesca en la ciudad con los 10 mil ciudadanos que solo allí se ganan la vida pescando—, relata: “… va peor con los años, la pesca industrial se lleva todo. Cada vez las maquinas son más grandes y quieren más”. Lo que lo hace una matanza no es que sea masiva, es dónde se lleva a cabo. El Bósforo no es una cuenca abierta, es más estrecho y menos profundo de lo parece. Atravesar este corredor biológico para desovar, y así asegurar sus futuras generaciones en las temporadas de migración, se ha convertido en toda una cuesta para los peces.

     

    A pesar del consejo de los especialistas y las solicitudes de la Unión Regional de Cooperativas Pesqueras de Estambul de prohibir de tajo el uso de métodos industriales nocivos en el Bósforo y el Mar del Mármara, porque las regulaciones actuales hacen poco o nada para paliar los efectos de la caída en picada de este ecosistema, los barcos cerqueros siguen siendo los protagonistas de un retrato: el desabastecimiento anunciado.

    Las voces que integran la red de esfuerzos congregados alrededor de la defensa del futuro alimentario de Estambul y sus alrededores se encuentran en este reportaje para plasmar el panorama de una crisis que no da espera.

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    En RFI, llevamos una década apostando por el reportaje radiofónico para conocer más de cerca lo que ocurre en el mundo. Por eso lanzamos una nueva edición del "Premio Reportaje de RFI en español”, dirigido a estudiantes de periodismo, a nivel de pregrado o postgrado, menores de 30 años e inscritos en una universidad del continente américano.

    13 min
  • Lengua viva, beat profundo: el guaraní en clave de rap

    En el corazón de Sudamérica, una lengua ancestral se reinventa al ritmo del beat. El guaraní, hablado por millones y cargado de historia, hoy también suena en clave de rap. Desde las aldeas de Misiones hasta los barrios de Asunción, jóvenes raperos lo convierten en poesía, resistencia y futuro.

    En Europa, todavía hay quienes piensan que los pueblos indígenas de América fueron exterminados durante la colonización. Pero la verdad es completamente diferente: millones sobreviven. Luchando. Resistiendo. 

    Y con ellos, sus culturas. Sus lenguas.

    Una de esas lenguas es el guaraní. Tan importante para América del Sur -y para la ciencia- como lo fueron el latín o el griego.

    De hecho, después de estos, el guaraní es el idioma más utilizado en la nomenclatura científica internacional para referirse a animales y plantas.

    Se habla a diario en millones de hogares de Paraguay, en el sur de Brasil, en Bolivia y en el norte de Argentina. Pero es en Paraguay donde su fuerza es mayor. Allí, lo hablan seis millones y medio de personas y se escucha tanto —o más— que el castellano.

    Palabras como mburucuyá, yaguareté o tucán vienen del guaraní.

    En este país tanto el español como el guaraní son lenguas oficiales. Se usan en el Senado, en los supermercados, en los medios, en los memes. En la tele, en la calle y en casa. Tiene literatura escrita desde hace siglos.

    Y sí, también tiene rap.

    ¿Cómo suena el guaraní cuando se sube a una base de trap? ¿Cómo se convierte en arma de identidad? ¿En denuncia? ¿En poesía?

    Durante siglos, el guaraní y su antecesor cercano -el tupí-guaraní- recorrieron el continente de norte a sur, como los grandes ríos de Sudamérica. Del Caribe a la Amazonía. Del norte de Brasil al corazón del sur: Paraguay.

    Del corazón al beat

    Ananá. Caracú. Maraká. Urubú. Palabras que suenan familiares, que muchos usamos sin saber que son guaraníes. 

    En Brasil, urubú es el buitre. En Argentina, ananá es la piña. Caracú es el centro o el tuétano del hueso. Y es justamente en Argentina, en la aldea Mbororé, del pueblo mbya guaraní, donde comienza esta historia.

    Luis y Fabián tienen 24 y 26 años. Escucharon rap por primera vez en sus celulares. Veían a Porta, el rapero español, en YouTube o a los Bro MCs, raperos indígenas de Brasil.

    Así empezaron a rimar. En guaraní. El grupo se llama Hae kuera, ñande kuera. Ellos. Nosotros.

    “En realidad, nosotros decimos cosas verdaderas. Todo lo que está pasando nomás. La historia. Antes teníamos muchos más monte... Desde hace un tiempo entró gente de afuera, de la sociedad blanca. Entraron e invadieron nuestra selva. Con la motosierra, inclusive ahora mismo estamos escuchando la motosierra. Creo que está haciendo los tablones y eso porque venden todas las cosas y todas las movidas”, explica Luis a RFI.

    Están en la provincia de Misiones, muy cerca de la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, donde resisten a la deforestación ilegal cuidando sus bosques como los galos Asterix y Obelix resistían a los romanos.

    El guaraní es una lengua aglutinante, polisintética, como el alemán. Puede expresar ideas complejas en una sola palabra. Tiene sonidos guturales, nasales, glotales… que no existen en español.

    Como 'y', que significa 'agua'; 'y guasu', 'agua gigante'. Así se llaman las cataratas del Iguazú. Las mismas que casi se escuchan desde la aldea de Luis y Fabián. Desde allí rapean su rabia, su dignidad.

    Mientras le visita RFI hace una humedad fresca, huele a selva y a tierra mojada. Ellos escriben junto a un arroyo, mientras su madre les prepara reviro: harina frita sobre leña.

    “Algunos dicen que los mbya solo quieren ayuda. Que no trabajan. Los políticos sobre todo dicen que nosotros siempre estamos pidiendo. Pero en realidad, no. Si no trabajáramos, no existiríamos hoy. Nosotros estamos en esa resistencia todos todavía. Estamos resistiendo todavía", prosigue Luis. 

    “La gente de la sociedad blanca a nosotros no les importamos. Al revés, les damos asco por nuestra piel. Porque somos mbya. Que sé yo, hay mucho prejuicio. No podemos salir y caminar tranquilos en la ciudad. Hay mucho odio. Mucha rabia. Mucho prejuicio”, prosigue. 

    Vivir la vida buscando plenitud

    Del otro lado del Paraná, a las afueras de Asunción, Paraguay, una calle de piedras y un caminito de tierra roja nos lleva lleva hasta la bella casa de Conan y Miguel, artistas del colectivo Tekovete.

    Ella pinta murales. Él escribe y rapea. Juntos hacen poesía en guaraní. Y como ellos, muchos jóvenes encuentran en su lengua materna una llave. Una que abre otras puertas.

    Así lo cuenta Miguel: “'Tekovete' sería desenfocar la palabra hacia la vida en plenitud. Es ser uno mismo, vivir en plenitud. 'Tekove' es 'vida'. 'Teko' es la 'forma de vivir'. Y 'ete' viene de 'verdadero'. Lo que es real, lo que es auténtico. Entonces 'Tekovete' es 'vivir la vida en esa búsqueda de plenitud siendo uno mismo'”.

    “De eso se trata la plenitud, el poder de contemplación, de estar en un sitio, de compartir, de sentarse en una ronda, tomar un tereré, estar en una ronda del brasero contando en nuestras vivencias, nuestras historias

    Conan continua: “De eso se trata la plenitud, el poder de contemplación, de estar en un sitio, de compartir, de sentarse en una ronda, tomar un tereré, estar en una ronda del brasero contando en nuestras vivencias, nuestras historias. Antes, por ejemplo, las familias paraguayas se reunían y contaban el famoso caso ñemonbeú, que es como anécdotas de su vida y  veces también con un poco de fábula, como para darle también emoción al cuento. Yo creo que todo eso ese 'Tekovete' tiene mucho que ver con eso con el trovador, el que te cuenta las historias”. 

    Tekovete hace rap urbano, nacido en la periferia, con historias que hablan de su barrio, de su generación. Sin parar de mutar. Como el propio guaraní, que en Paraguay muchas veces se habla mezclado con el español. Esa fusión se llama jopara.

    “Vos sabes que antes de hacer rap yo no me sentía representado con lo que escuchaba, con lo que decía, la manera que decían -explica Miguel-. Entonces yo le decía a Conan, yo voy a rapear en guaraní. Voy a hacer temas de que hablen justamente de esos momentos, de nuestro entorno, de cómo vemos nuestra realidad. Tekovete como proyecto es eso, es comentar esos pequeños detalles, que muchas veces no vemos. Es narrar la realidad de nuestras propias vivencias, siendo parte de eso".

    Hay que cuidar mucho la palabra, porque para los guaraníes originarios la palabra es sagrada

    "Gracias a esa necesidad de reivindicar, no reivindicar, fortalecer el guaraní,  porque sí, todavía hasta ahora está entre nosotros, pero representarlo de una manera bien estudiada también. Porque hay que cuidar mucho la palabra, porque para los guaraníes originarios la palabra es sagrada. Entonces también Tekovete trata de mantener ese respeto y cuidado hacia la palabra”, aclara. 

    En la inmensa mayoría de las familias y escuelas son las mujeres -abuelas, madres- quienes transmiten el guaraní.

    “Sabiendo que hay un poder en la palabra que es el guaraní, que los paraguayos tenemos esa grandiosa herencia maternal y llevamos con nosotros, entonces esa necesidad de poder mostrarle al mundo lo que se puede hacer con el guaraní, que el rap en guaraní puede sonar tan bueno y con tanto estilo y con tanto flow como pueden sonar un rap en Estados Unidos, en Chile, en Perú, en Alemania, sea el idioma que sea", zanja Miguel.

    Hoy, jóvenes paraguayos y guaraní-hablantes como Miguel y Conan están llevando ese legado a las redes. como TikTok, Instagram o YouTube. Ahí enseñan guaraní, hacen chistes, doblajes, sketches bilingües.

    Creatividad pura, en dos lenguas que a veces son una.

    Hay más. Mucho más. El guaraní se canta desde hace mucho en forma de guarania y jahe’o, músicas nacidas en Paraguay y que pocos conocen fuera. Hay hasta blues y hevy metal en guaraní. Incluso Mafalda ha sido traducida a esta lengua. Os invitamos a no dejar de escucharla. A veces está más cerca de lo que crees. En el subte en Buenos Aires, en la Sorbona de París o en un mercado de Madrid, ahí se escucha guaraní.

    15 min
  • La Agencia Espacial Europea busca crear el mapa más preciso de la vía láctea

    Actualmente unas 400 personas analizan los datos que recolectó Gaia, la misión de la Agencia Espacial Europea que durante más de una década estuvo en el espacio para crear el mapa de la galaxia más preciso jamás visto hasta ahora. La misión seguirá arrojando descubrimientos hasta 2030.

    ¿Qué se imaginan cuando pensamos en la vía láctea? ¿Agujeros negros? ¿Colores en medio de la oscuridad? Las imágenes que tenemos actualmente nos dan una idea de un espacio poco conocido por la humanidad, pero Gaia quiere cambiar esto. El principal objetivo de esta misión de la Agencia Espacial Europea, (que está cumpliendo medio siglo de existencia) es diseñar un mapa de la vía láctea en 3D, el más preciso jamás visto hasta ahora y para ello dedicó casi 11 años a observar cerca de 2 billones de estrellas. 

    Con Gaia la humanidad da un paso histórico en el conocimiento de los enigmáticos luceros, afirma Pedro García Lario, astrónomo de la Agencia Espacial Europea, uno de los encargados de la misión. “Digamos que lo que hace Gaia es básicamente una especie de Google Maps, pero de nuestra galaxia. Lo que nos interesa es saber la posición con la mayor precisión posible del mayor número de estrellas de la vecindad de nuestro sistema solar. Para ello tenemos un telescopio en órbita y ha estado tomando datos durante casi 11 años. Ahora ya tenemos todos los datos disponibles para procesarlos y obtener este mapa tan preciso de la galaxia”, asegura.

    García cuenta que este telescopio espacial utiliza la técnica de astrometría, que consiste en medir las estrellas basándose en su órbita, que es una órbita situada a 1,5 millones de kilómetros de la tierra en dirección opuesta al sol. “Gaia, en su movimiento orbital, realiza el movimiento de traslación alrededor del sol conjuntamente con la tierra, y eso quiere decir que de un extremo a otro de la órbita la posición de Gaia difiere en el doble de la distancia de la tierra al sol, unos 300 millones de kilómetros. Entonces tiene dos puntos de observación. Uno en un extremo de esta órbita y otro 300 millones de kilómetros aparte, y desde esos dos puntos de observación toma la medida de las posiciones de las estrellas, según van pasando por los detectores en un movimiento giratorio del propio satélite”, indicó.

    Transmisión de datos a través de tres antenas del planeta

    ¿Pero cómo llegan los datos de un satélite como Gaia, a la Agencia Espacial Europea? Jorge Fauste, el subdirector de la estación de Cebreros, una antena ubicada a unos 77 km de Madrid, indica que los datos llegan vía la antena: “Se comprimen, se transforman, para llevarlos hacia el control de operaciones en Alemania, donde se interpretan para el mantenimiento y operación de las misiones”. 

    La estación de Cebreros, es una de las tres antenas que se dedican a apoyar misiones en el espacio profundo y son tres puntos diferentes del planeta porque deben garantizar la recepción de ondas a medida que la tierra gira alrededor del sol.  “Para el seguimiento de sondas en el espacio profundo necesitamos tres estaciones que den cobertura a todo el planeta, localizando estas estaciones a unos 120° de longitud geográfica, de tal manera que la primera estación que la ESA construyó de espacio profundo fue la de Australia y la siguiente tenía que estar a unos 120° de longitud geográfica respecto a Australia. Entonces esa localización geográfica es justamente donde estamos aproximadamente aquí, en Cebreros, en España, y la tercera pues es a unos 120° entre cebreros y New Norcia, que cae más o menos en Argentina”, indica, agregando que con esas tres estaciones casi cubren completamente el planeta.

    “Los descubrimientos de Gaia son aún inesperados”

    Gaia ha tenido como principal misión crear un mapa, pero según el astrónomo Pedro García, sus descubrimientos van más allá y ya han mejorado la astronomía en todas las áreas, por ejemplo en la arqueología galáctica: la disciplina que estudia el pasado de las estrellas, que incluyen hasta las que ya murieron.  

    “Gracias a Gaia, podemos utilizarla como una máquina del tiempo, podemos avanzar en el tiempo y ver dónde van a estar las estrellas dentro de 100.000 millones de años y también retroceder en el tiempo para saber dónde estaban esas estrellas hace miles o millones de años y eso nos permite hacer lo que podríamos denominar arqueología galáctica”, apunta García, agregando que si miramos hacia atrás, hemos visto que el pasado de nuestra galaxia ha sido un pasado muy convulso con canibalismo galáctico. “Es decir, nos hemos tragado otras galaxias menores, aunque han colisionado con la Vía Láctea y ahora reconocemos el efecto de estas colisiones porque nos sorprendemos observando cómo el flujo común de todas las estrellas está perturbado en algunas direcciones”, señala.

    Además de estas colisiones de galaxia, Gaia también ha encontrado otros descubrimientos que no se esperaban, “Gaia también ha sido capaz de de detectar nuevos exoplanetas y, muy interesante, recientemente también hemos podido detectar un nuevo tipo de agujeros negros que tienen masas intermedias comprendidas entre unas 10 veces la masa del sol y unas 40 o 50 veces la masa del Sol”, añade García, aclarando que este descubrimiento es uno de los últimos que estaban en la lista de lo que no nos esperábamos encontrar”.

    El big data ha impulsado nuevas misiones espaciales

    Gaia es considerada una de las primeras misiones de la Agencia Espacial Europea donde se ha hecho uso del Big Data, a tal punto que, cuando fue lanzada, en 2013, sus científicos no tenían muy claro cómo iban hacer posible esta misión tan exigente en volumen de información. Pues, hoy en día, analizan 3 millones de líneas de datos, 142 terabytes y el conocimiento de 263.000 millones de tránsitos de estrellas detectados por Gaia, cuenta David Teyssier, científico de operación de la Agencia Espacial Europea. “Hay que tomar en cuenta que, cuando se desarrolló, obviamente a nivel tecnológico, estábamos muy lejos de lo que permiten hoy en día las computadoras típicamente, pero ya se sabía las cantidades de datos que iba a generar, aunque Gaia ha vivido dos veces más de lo que estaba previsto inicialmente, 10 años en vez de de 5”, cuenta Teyssier.

    La siguiente publicación de Gaia se espera para 2026 y la última no antes de 2030. Los astrónomos esperan recolectar medidas precisas que les permitan crear ese ambicioso mapa en 3D de la vía láctea, aunque saben muy bien que en esa data hay una infinidad de descubrimientos posibles aún inesperados. 

    15 min
  • Llegando a home: El béisbol como refugio para migrantes venezolanos en Bogotá

    En una ciudad donde el fútbol es el deporte más popular, cientos de migrantes venezolanos han encontrado espacio en un diamante de tierra roja al occidente de Bogotá. Allí el béisbol no solo se juega, también es un refugio ante lo difícil  que es migrar por necesidad. Esta es la historia de Osiel Morales, un joven receptor que lucha por llegar a las grandes ligas, aunque el mundo aún no sepa que en Bogotá también se juega a la pelota caliente.

    Escuche el reportaje del mexicano Isaac Vargas, estudiante de la Universidad de los Andes de Bogotá, ganador de la undécima edición del Premio Reportaje de RFI en Español.

    Al occidente de Bogotá, escondido entre bloques de concreto y avenidas extensas, está el estadio Hermes Barros Cabas. Un campo de béisbol que, más que un escenario deportivo, se ha convertido en territorio simbólico para cientos de venezolanos que han migrado a la capital colombiana.

    Aquí se habla con acento carabobeño, se celebra con gritos maracuchos y se sueña en voz alta con llegar a las grandes ligas. Uno de esos soñadores es Osiel Morales. Tiene 17 años y migró desde Venezuela hace tres. “Cuando llegué a Bogotá me sentía muy solo, pero el béisbol me ayudó a sentirme en casa”, dice.

    Cada fin de semana se pone el uniforme del equipo Leones, entrena bajo el sol de la capital colombiana y atrapa pelotas a más de 70 millas por hora como receptor titular.

    Osiel no está solo. Más del 85% de los jugadores en la Liga de Béisbol de Bogotá son venezolanos, igual que la mayoría de los entrenadores y árbitros. El béisbol se volvió no solo un pasatiempo, sino una forma de preservar la identidad y reconstruir comunidad. Para Osiel, es también una promesa: “Juego para ayudar a mi familia, para que mi hermano no tenga que pasar por lo mismo que yo”.

    Pero llegar a ser profesional no es fácil. En Bogotá casi no llegan cazatalentos, y las reglas de la Federación Colombiana de Béisbol limitan la presencia de extranjeros en las selecciones departamentales. Osiel sabe que, aunque sueña con representar a Colombia, solo cuatro de los 20 cupos pueden ser para jugadores migrantes. “Es complicado, pero entiendo que este también es su país”, dice.

    Quien lo entrena lo sabe bien. Yilfran García, exjugador profesional, migró también desde Venezuela y ahora es una figura clave para jóvenes como Osiel. “Si estuviéramos en la costa o en Venezuela, tendría más posibilidades de firmar. Aquí casi no llegan scouts”, explica.

    Pese a las barreras, Osiel no se detiene. Ha sido preseleccionado por un scout de Cincinnati y sigue entrenando cada semana. Mientras tanto, el estadio Hermes Barros Cabas sigue siendo ese pequeño rincón de Venezuela en Bogotá. Allí donde el béisbol no es sólo deporte, sino también familia, pertenencia y resistencia.

    En RFI, llevamos una década apostando por el reportaje radiofónico para conocer más de cerca lo que ocurre en el mundo. Por eso lanzamos una nueva edición del "Premio Reportaje de RFI en español”, dirigido a estudiantes de periodismo, a nivel de pregrado o postgrado, menores de 30 años e inscritos en una universidad del continente américano. 

    13 min
  • Ucrania: Colombianos y otros extranjeros combaten sin leyes y sin Estado

    Desde que inició la guerra, Ucrania hizo un llamado a combatientes voluntarios para apoyarlos en el conflicto. Algunos les llaman mercenarios, pero los expertos explican que históricamente las guerras han evolucionado y que no todos los combatientes extranjeros se denominan de ese modo. Sin embargo, organismos como la ONU reconocen que los Estados carecen de leyes robustas al respecto, por lo que impera un riesgo latente de violación a los derechos humanos tanto a la sociedad civil, como a los mismos combatientes.    

    El Árabe y Jack llenaron el formulario de voluntarios para luchar con Ucrania en la guerra contra Rusia, así se llaman entre ellos por seguridad. Aunque muchos les llaman mercenarios, a ellos no les gusta. Aseguran que viajaron por vocación militar y que se quedaron allí por el pueblo ucraniano. “Lo hacen sentir a uno como en casa” dice el Árabe, quien lamenta el sufrimiento del pueblo ucraniano y lleva más de un año combatiendo con sus fuerzas militares, país que según él, le ha permitido continuar su carrera militar, pues en su natal Colombia no cumplió las exigencias del Ejército. Aunque dice estar feliz por seguir su vocación, el precio ha sido alto.

    “Yo fui herido en combate, perdí una pierna en Donbás. Fue una situación al bordo de la muerte, perdí algunos compañeros, pero yo soy militar, estoy acostumbrado a todo eso”, cuenta el Árabe, quien defiende su posición de combatiente extranjero: “Cuando uno pisa el suelo del frente, se va da cuenta que la lucha y las motivaciones son distintas. No es lo mismo invadir un país que defenderlo. Yo no soy un mercenario”. 

    En el momento de la entrevista, este exsoldado colombiano se encontraba en la región de Sumy en el noreste de Ucrania, fronteriza con Rusia, que ha sido fuertemente bombardeada y es objetivo del mandatario ruso Vladimir Putin para anexionarla a su territorio, como ya lo ha hecho con un 20% del suelo ucraniano.

    Otra de esas provincias Donetsk donde Jack, un ex auxiliar de policía estuvo en combates en 2022. “Yo entré varias veces y salí herido de zona de combate. Allá las batallas son muy diferentes a Colombia. Desde que usted se embarca en el carro y está en zona de combate, eso ya es artillería, drones kamikazes, minas antitanques, minas antipersonas, salen emboscadas”, relató. 

    Cuenta que empezó a luchar con el ejército ucraniano junto a unos 140 colombianos. De ellos solo 20 quedaron vivos. Corrió con suerte durante ese año y medio que estuvo en Ucrania, regresó a Colombia para recuperarse de sus heridas, pero dice que quiere volver, “yo luchaba porque me nacía defender un país que realmente necesitaba y estaba siendo invadido, haciendo cosas que no debían hacer, porque yo miraba cómo mataban niños, abuelitos, muchachos”. Jack cuenta que la población les pedía que los apoyaran y el volvía a entrar en combates.

    “Es una guerra, van a ganar o a morir”

    Los mortíferos bombardeos que a veces se difunden por la red social TikTok donde los mismos combatientes extranjeros hacen llamados a sus connacionales a unirse al ejército de Kiev, no desaniman a los cientos de exsoldados, exvigilantes y expolicías que emprenden su viaje a la guerra en busca de un salario en dólares. “Allá nos pagaban 3.000 dólares, a veces 2.000, 2.500, depende de la línea. Entre más peligro, más pagaban”, explica Jack.

    Entre más alta es la suma de dinero, más riesgo corren sus vidas, aunque cuentan también que esa suma se puede ver disminuida por casos de corrupción entre los mismos compañeros.

    El expolicía asegura que todos los que se inscriben en el conflicto conocen los riesgos. “Porque es una guerra, saben que van a ganar o van a morir. No es un juego y si van ansiosos a ganar mucha plata o van para eso, ténganlo por seguro que no van a volver o más de uno vuelve sin extremidades". Según él, un 90% lo hacen por dinero. 

    Sin embargo, el sargento retirado Héctor Bernal, que asesora a empresas privadas de seguridad y fuerza pública en asistencia médica en combate y reside en Colombia, señala que no todos son conscientes de lo que implica esta guerra. 

     

    “Algunos son conscientes, otros no entienden la magnitud del conflicto. Yo siempre les digo: una cosa es el conflicto armado en Colombia, Ucrania es otro nivel, allá no hay soldados y el índice de mortalidad es muy alto porque en este momento se está desarrollando la guerra de los drones, y los explosivos, por eso el índice de muerte en el campo de batalla es muy alto”, señaló Bernal. También se interroga por el objetivo de quienes luchan en Ucrania, “Todos los que han regresado acá a Colombia, han regresado enfermos y sin dinero. Hay unos muchachos que llegaron con problemas psicológicos, estrés postraumático de la guerra”, lamentó.

    De Ucrania a una prisión rusa

    A veces también son sus familias las que lamentan esta decisión. Es el caso de Lizeth, la esposa de Miguel Ángel Montilla quién fue capturado por las fuerzas rusas y condenado por mercenariato a 9 años de prisión el pasado abril.

    Él trabajaba como vigilante en un centro comercial de la ciudad de Cali y su compañera recuerda los planes que hacía al regresar a casa en su bicicleta. “Él empezó a escuchar que necesitan voluntarios para ir a Ucrania y que les pagaban muy bien, que lo que se hacían aquí en Colombia en un año, allá se lo hacían en 15 días, le iluminaron los ojos”, indicó.

    El viaje de Montilla para mejorar sus condiciones económicas terminó en una prisión rusa y no es el único, pues Moscú castiga con entre siete y 15 años de cárcel el mercenariato. Según la prensa independiente, el Kremlin también utiliza a miles de extranjeros de países como Kirguistán, India o Cuba en su guerra. Para Ulrich Petersohn, profesor de políticas internacionales en la Universidad de Liverpool que investiga el impacto de empresas de seguridad privada y mercenariato en guerras civiles, es una muestra de doble rasero.

    “A menudo, el término mercenario se usa simplemente para describir a personas que no te agradan o que no te gusta lo que hacen. Por ejemplo, Rusia arrestó a combatientes extranjeros que vestían uniforme ucraniano y los etiquetó como mercenarios. Es un caso donde se aplica una doble moral. En primer lugar, si vestían uniformes ucranianos y eran miembros de las fuerzas armadas ucranianas, merecían el estatus de prisioneros de guerra y no eran mercenarios. Por otro lado, si los rusos se miraran, ellos básicamente hacen lo mismo. Están en el extranjero y emplean, por ejemplo, a sirios en sus fuerzas armadas, pero no los etiquetan como mercenarios”, señaló Petersohn.

    Un marco legal casi inexistente

    El marco regulatorio internacional para quienes participan en conflictos en países extranjeros es casi inexistente. Solo unas 37 naciones, entre las que se encuentra Ucrania han ratificado el convenio de la ONU contra el mercenariato que criminaliza esta actividad, pero aceptan la existencia de las llamadas empresas de seguridad privada que en ocasiones proveen servicios de mercenarios y carecen de regulación estatal.

    Jovana Jezdimirovic Ranito, presidenta del grupo de trabajo de Naciones Unidas sobre mercenarios, reconoce que el caso de Ucrania es difícil de clasificar. “Claro que se trata de un conflicto entre Estados, pero hay diferentes tipos de actores involucrados. Tenemos empresas militares privadas, actores relacionados con mercenarios, y también observamos mucho reclutamiento predatorio, que se refiere a las prácticas en las que un actor recluta en lugares donde la gente se encuentra en una situación económica o social difícil, ofreciéndoles condiciones que no pueden obtener en sus propios países, especialmente en lugares históricamente afectados por conflictos”.

    Colombia con más de 60 años de conflicto armado tiene cientos de exveteranos y expolicías con experiencia militar, aunque no solo ellos van a Ucrania, pues según los testimonios, el único requisito es comprar el tiquete de avión.

    Una de las razones para este reclutamiento masivo que también tiene voluntarios de Georgia, Perú, Chile y otras tantas nacionalidades es que los Estados no cuentan con recursos para prepararse para un conflicto eterno, explica Jezdimirovic: “Los Estados no tienen recursos para financiar el conflicto indefinidamente, por lo que usualmente en algún momento van a necesitar cierto apoyo por diferentes medios y si eso no es posible conseguirlo a nivel nacional, necesitan buscarlo a nivel internacional”.

     

    La RAE define a un mercenario como todo aquel que participa en un conflicto extranjero a cambio de dinero. Es una actividad muy criticada por los riesgos a la violación de derechos humanos, pero los expertos coinciden en que hay matices y no necesariamente un combatiente extranjero se convierte en mercenario. Se estudian factores como si el combatiente obtuvo residencia o no, si lo hace solo por dinero, si ha tenido entrenamiento calificado previo, si están vinculados directamente con el gobierno y guiados por las fuerzas militares o si son contratados por empresas privadas. El debate es amplio y aún difuso.

     “No existe ningún organismo específico a nivel internacional encargado de vigilar esta actividad” dice la convención de Naciones Unidas. A nivel nacional, los marcos regulatorios de los gobiernos son también contradictorios. En tiempos de guerra, los límites pueden volverse inexistentes.

    14 min
  • El Londres más íntimo de Mario Vargas Llosa

    Aunque aseguraba que París era la ciudad donde había sido feliz, el escritor peruano Mario Vargas Llosa, fallecido el 13 de abril pasado, vivió buena parte de su vida en Londres, ciudad donde escribió 'Conversación en La Catedral', uno de sus obras maestras. Recorrido por el Londres íntimo de Vargas Llosa con un reportaje de Luisa Pulido, corresponsal de RFI en Reino Unido.

    "Conversación en La Catedral" es el único libro que Mario Vargas Llosa "salvaría del fuego", según dijo en alguna ocasión el Nobel de Literatura peruano. Esa novela fue escrita en la entonces Biblioteca Británica, en Londres, en los años 60. Fue la misma biblioteca donde, en medio de miles de libros, se sentaron Marx y Lenin.

    Hoy ese lugar se ha convertido en una sala de lectura del Museo Británico, imponente edificio cilíndrico, color mármol, de casi 43 metros de diámetro y ubicado a pocos pasos de la entrada del museo. Ahí entrevistamos al profesor Stephen Hart, especialista en literatura Latinoamericana en la University College London (UCL), sobre ese periodo en la vida del autor peruano.

    "Cuando Vargas Llosa venía aquí para estudiar, creo que se sentía como un miembro más de la comunidad de los escritores más importantes de la historia, entre otros, Marx. Sentía la importancia de la escritura y la literatura, pero también de la ciencia, pues aquí también venían los científicos", dice Hart.

    'Conversación en La Catedral', obra perfecta

    Stephen Hart, quien fue alumno de Vargas Llosa en los años 70 en la Universidad de Cambridge, es un gran admirador de "Conversación en La Catedral".

    "Lo más importante en esa novela es la exploración técnica, el sentido de la técnica que desarrolla en ella Vargas Llosa. Es una obra perfecta. La manera en que utiliza la técnica de los vasos comunicantes, la idea que uno tiene un espacio por aquí y luego otro espacio, otro tiempo, y hay luego una fusión de todo ello", apunta.  

    Mario Vargas Llosa llegó en 1967 a Londres, procedente de París, para ser profesor de literatura en dos universidades. Medio siglo después, una foto de Vargas Llosa maduro, canoso y serio, adorna una de las enormes ventanas del centro de idiomas del King’s College. Ahí se resalta, con orgullo, que el escritor y político, laureado con el Nobel de Literatura en 2010, fue profesor de esa universidad entre 1967 y 1970.

    El escritor Enrique Zattara relata esos primeros años del Nobel en Londres.

    "Vargas Llosa estaba viviendo en París desde hacía unos años gracias a una beca. Ahí había viajado con la mujer. Ahí tuvo su primer hijo. Pero aparentemente su situación legal no le permitía quedarse. Entonces comenzó a buscar otras alternativas", explica Zattara.

    Para el autor peruano fue claro desde joven que “se iba a preocupar toda su vida por trabajar de algo que tuviera que ver con la escritura, que su trabajo iba a ser escritor”, explica Zattara y precisa: “Era muy ambicioso, en el buen sentido”, apunta Zattara.

    "El Nobel obtiene un contrato en Saint Mary's College, al oeste de Londres. Ahí se instala con su mujer y su primer hijo, en un barrio relativamente popular cuya población es mayoritariamente de origen irlandés. Luego, al año siguiente, pasa a ser profesor de Siglo de Oro en el Departamento de Idiomas en el Kingrs College, en el centro de la ciudad", recuerda también el escritor Enrique Zattara.

    Vida austera

    "A los 31 años, su vida era muy sencilla", cuenta también Zattara. "Él mismo contaba que su vida era muy austera. Cuando no trabajaba, se iba a la Biblioteca Nacional, que en ese momento estaba en el Museo Británico. Iba a leer los fines de semana. Como pagarle a una niñera por ocuparse de los niños salía muy caro, lo que hacía era salir una vez al teatro por semana con Patricia [su mujer]", cuenta Zattara.  

    Esa vida también estuvo marcada por la academia, el periodismo y la familia. Transcurría en el hoy exclusivo sector de Earl’s Court, en el oeste de Londres. Las cartas que recibía de sus amigos y compadres escritores del "Boom Latinoamericano", fueron enviadas a la calle Philbeach, número 7, código postal SW5. Era una mansión blanca con puertas negras. No se tienen más detalles.

    La magia de Londres

    Lo que sí es indudable para el director del Instituto Cervantes en Londres, Víctor Ugarte, es que "la constante oferta cultural de Londres para un creador como Vargas Llosa, o para cualquier persona amante de la cultura, es increíble. Pocas ciudades en el mundo pueden competir con esa oferta tan enorme, tanto pública, como los grandes museos, como privada, las pequeñas galerías".

    Aunque Londres no se destaca en su obra, la ciudad sí fue importante para Vargas Llosa intelectualmente y de crecimiento como escritor, estima Ugarte.

    Ir a teatro, correr en el parque

    "Claro, le gustaba mucho ir a conciertos, asistir a conferencias, visitar museos, pero también practicar deporte, por ejemplo, correr en el parque. Estaba en un ambiente no latino, con lo cual podía concentrarse en su trabajo de una forma más, digamos, individual. Eso, según dice, le ayudó mucho para su creatividad. Vargas Llosa tenía un proceso muy disciplinado. Se levantaba temprano, escribía por la mañana para que no le molestaran los ruidos", relata Ugarte.

    Carlos Fuentes y su familia vivieron en la misma zona casi 20 años después. La amistad entre el escritor mexicano y el escritor peruano fue siempre entrañable. La periodista Silvia Lemus, viuda de Carlos Fuentes, se confió sobre esta amistad a RFI.

    "Mario era muy, muy terrenal, pero también muy estimulante, no solo en la literatura, sino también, como usted sabe, en la política", dice.  

    Enrique Zattara, que hace caminatas que recorren los lugares frecuentados por escritores como Vargas Llosa, afirma que Earls Cour fue un barrio que fascinó al peruano.

    "El Earls Court de Vargas Llosa no es como el barrio de ahora. El que él conoció era un barrio, digamos, ‘jiposo’, [de ‘hippie’, figura contestataria de los setenta], lleno de gente rara. A él le gustaba mucho todo eso. Incluso hay una parte de una novela suya que transcurre en Londres, Travesuras de la niña mala. El personaje vive en un apartamento que es, realmente, donde él vivía. Vargas Llosa cuenta muchas cosas del barrio que aún hoy se pueden ver", dice Zattara.

    Londres fue una experiencia formativa en la vida y carrera literaria del autor, nos explica el escritor peruano, Gunter Silva. 

    "Era la época del apogeo de la contracultura, los hippies, las protestas estudiantiles, la juventud rebelde, la libertad sexual, el rechazo a toda forma de autoridad, las drogas psicodélicas, el rock and roll, las minifaldas. Londres era pura efervescencia. La ciudad tenía algo de carnaval libertario sin necesidad de censura ni comisarios", dice Silva.

    Evolución política hacia la derecha

    En ese momento Vargas Llosa vive una evolución política. Según sus palabras, ahí "dejó de ser socialista para convertirse en liberal y gran admirador de Margaret Thatcher", la Dama de Hierro, la primera mujer primera ministra, famosa por sus políticas de recortes y transformación económica en la década de los 80.

    Él mismo quiso convertirse en presidente del Perú y lanzó su candidatura en 1990. Si bien pasó a la segunda vuelta, fue derrotado por Alberto Fujimori.

    Gunter Silva recuerda que por esos años el Nobel afianzó su visión política.

    "En Londres, Mario Vargas Llosa leyó por primera vez a Popper, a Hayek. Esas ideas sobre la sociedad abierta, el individuo como centro, la protección de las libertades individuales, el rechazo al totalitarismo, influyeron profundamente en su visión política. Londres fue, en ese sentido, más que un lugar físico, fue una ciudad mental, un laboratorio moral", sostiene Silva.

    De socialista a admirador de Thatcher

    No solo Popper y Hayek lo inspiraron. El profesor Stephen Hart estima que Margaret Thatcher también fue una fuente de inspiración política para el escritor. Inclusive recurriría a ella para su campaña a la presidencia.

    "Sabemos que era un gran admirador de Margaret Thatcher porque le escribió una carta. Yo he visto esta carta. Esta carta fue vendida por [la casa de subastas] Sotherby’s. En ella Vargas Llosa habla de su admiración por Thatcher. También expresa su apoyo a la democracia popular en todo el mundo, el rechazo de las nacionalizaciones, así como el énfasis en las privatizaciones", apunta Hart.

    Ahora bien, ¿el Nobel peruano llegó a extrañar Londres?

    "Me dijo que sí, que la extrañaba; extrañaba ese orden con alma que tenía Londres", responde su compatriota y escritor Gunter Silva, quien le planteó la pregunta hace varios años.

    "Extrañaba lo estimulante que podía ser la ciudad. Me habló de los tés con scones, de los tandooris, de la cantidad de obras de teatro que se exhibían cada noche. Pero también me confesó que donde verdaderamente había sido feliz era en París".

    15 min
  • El café peligra en Guatemala: cuando los jóvenes deciden emigrar antes que sembrar

    Los pequeños productores guatemaltecos de café sufren una serie de amenazas que les impide seguir cultivando y teniendo ganancias favorables para su comunidad con la siembra y venta de este codiciado oro negro. En la última década todo ha sido cuesta arriba para poder seguir exportando y trasladando el conocimiento a nuevas generaciones de cafetaleros porque los jóvenes prefieren emigrar a Estados Unidos.

    “Yo preferiría tener un negocio porque la agricultura te salva la vida, te da de comer y todo eso, pero a veces necesitamos dinero también”, explica el joven Pedro Guzmán desde Nebaj, Quiché, en el noroccidente de Guatemala, a seis horas de ruta de la capital.

    El camino nos lleva a un lugar prestigiado por su ubicación y microclima ideal para la siembra del café, una región de cafetaleros desde hace décadas. Los pequeños productores en esta región han sabido aprovechar y producir algunas de las variedades más destacadas y populares del mundo. Según la Organización Internacional del Café, Guatemala está entre los más destacados de América Central y ocupa el décimo puesto a nivel mundial, además de Costa Rica y Honduras.

    Pedro Guzmán considera que las oportunidades siguen siendo escasas en su pueblo y aunque no lo tiene muy claro, se plantea emigrar a Estados Unidos, como muchos jóvenes de la región, incluyendo sus primos. ‘Yo sí me alegro de que mis primos que están en Estados Unidos ahora ya tengan sus casas, nosotros aquí vamos superando la situación poco a poco, pero al menos estamos en nuestro país”, reconoce Pedro, que a sus 17 años tiene una peluquería en Nebaj pero le genera pocos ingresos y las exigencias generacionales con sus padres y sociedad son muy fuertes, nos dice.

    Sin relevo generacional

    La emigración masiva de jóvenes hacia el norte está provocando un nuevo problema en el campo guatemalteco: no hay relevo generacional y esto pone en peligro la exportación del café. Este producto, tan codiciado, intenta sobrevivir a esta crisis que nunca antes había vivido.

    ”Algunos ya tienen hijos en Estados Unidos, así que los productores prefieren recibir las remesas fáciles y abandonan el café. Actualmente, de los 977 productores que tenemos, el rango de edad supera los 50 años”, asegura Romualdo Pérez, gerente de la Asociación Chajulense, del noroccidente del país, en Chajul, Quiché, a 45 minutos de Nebaj, una de las zonas más afectadas por este fenómeno de deserción.

    Los compradores de café guatemalteco están presionando a los productores para que promuevan el relevo generacional y así mantener la producción, pero según los pequeños productores, la mayoría prefiere irse a EE.UU. que seguir cultivando café con su familia.

    “Lo que nos está afectando a nosotros es que no tenemos gente para cortar el café desde hace cinco o seis años, hay muchas personas que se están movilizando”, explica Pedro Caba de 52 años, cultivador de café y presidente de la Junta directiva Chajulense.

    Considera que el alza del precio del café no es culpa de los productores, ni del comprador, sino de la migración.

    Desde el 31 de enero hasta diciembre del 2024, 54.056 mil jóvenes en edades comprendidas entre los 19 y los 35 años han sido retornados procedentes de Estados Unidos y México.

    De enero a febrero del 2025, casi 3.000 jóvenes han regresado engrilletados de manos y pies, según información del Instituto Guatemalteco de Migración.

    Estados Unidos endurece las leyes, pero los jóvenes no se resignan a a quedarse

    Aunque las leyes estadounidenses sean cada vez más rigurosas contra los inmigrantes, los jóvenes sin opciones siguen arriesgando su vida para llegar a Estados Unidos. Abandonan el país, como lo hicieron sus padres. Consideran que ahora es su turno de irse y mandar dinero a sus padres o familias.

    Leer tambiénColombia: la paz con aroma de café

    “Yo creo que a la mayoría de la gente ya no le interesa la agricultura. En esta área creo que más del 70% han emigrado a diferentes países y lo único que ha traído es la construcción de enormes casas y la agricultura ya se está quedando abandonada”, denuncia Genaro Simalaj, agricultor de Sololá que empezó a trabajar la tierra a los cinco años sembrando maíz y frijol. 

    Romualdo Pérez, de la Asociación Chajulense, cuenta que los jóvenes que consiguen llega a Estados Unidos logran obtener algunas cosas materiales, pero si su estadía fue muy rápida y son deportados, regresan endeudados y sin terrenos para sembrar, así que de igual forma tienen que seguir trabajando para subsistir en Guatemala. El fenómeno también afecta a menores.

    El Instituto Guatemalteco de Migración (IGM) asegura que desde enero del 2024 hasta octubre del mismo año retornaron a Guatemala vía aérea y terrestre 21.757 mil menores en edades de 14 a 18 años, provenientes de Estados Unidos y México.

    Una crisis que se compara a la de la roya

    Los problemas financieros y crisis de la organización se comparan con la que se vivió en el 2012 y la llegada de la roya, una enfermedad fúngica que se caracteriza por la aparición de hinchazones rojizas o naranjas en las hojas y tallos de las plantas. Una especie de hongos parásitos que necesitan plantas vivas para sobrevivir.

    “Cuando vino el problema de la roya, los productores perdieron casi el 100% de la cosecha durante dos o tres años. En el 2011, logramos exportar 48 contenedores de café, pero ya en el 2012, cuando empezó la roya, de 48 bajamos a 28 contenedores, al tercer año después de la roya, bajamos a 11 contenedores”, recuerda Romualdo Pérez de la Asociación Chajulense. “Cuando la gente vio estas bajas en la producción, su única opción fue emigrar”, agrega.

    Actualmente, la Asociación Chajulense está pagando 1.300 quetzales (unos 170 dólares) por un quintal 100 Kg de café, pero eso no compensa a los agricultores para mantener a sus familias y la producción anual porque la mayoría son muy pequeños, algunos generan cinco quintales, otros diez y otros 20.

    La experiencia estadounidense puede convertirse en una pesadilla

    En los últimos años existen grupos de estafadores que engañan a los agricultores ofreciéndoles visas de trabajo para hacer mayores ganancias y pagos mucho más atractivos si van a trabajar la tierra a Estados Unidos, pero al llegar al lugar se encuentran en fincas, hacinados, con poca alimentación, en climas extremos y al final no les pagan lo prometido, lo cual les obliga regresar sin dinero con muchos traumas por la forma en que son explotados.

    “Todo el mundo debe enterarse de cómo los jóvenes viven en estas fincas, maltratados y engañados. Yo fui por necesidad, pero estoy arrepentido, sufrí. Al ver que no pagaban, decidí organizar a los jóvenes para que nos dieran nuestro dinero y al final nos regresamos con deudas”, no explica Edgar Ixcaya, un agricultor del occidente de San Marcos la Laguna, Atitlán.

    Los departamentos desde donde viaja la mayor cantidad de menores no acompañados, en su mayoría indígenas, son de Huehuetenango, San Marcos y Quiché, según el Instituto Guatemalteco de Migración.

    Leer tambiénTomar café puede ralentizar la aparición del Alzheimer

    Sin embargo, existen miembros de la asociación Chajulense que promueven e incentivan a sus hijos a seguir con la compra de terreno en Guatemala para sembrar café, es el caso de Daniel Carrillo de 56 años, es de los socios más antiguos.

    “Yo les enseñé a sembrar café y cardamomo, ahora ya tienen su plantación, ya les di sus herencias y siguen sembrando”, explica. Carrillo que motiva a otros jóvenes, a pesar de las dificultades, a que trabajen sus tierras y sigan comprando más terrenos.

    “Este muchacho lleva como tres años trabajando conmigo, quiso emigrar también, pero yo le he dicho que no, que trabaje aquí, porque allá no es fácil, y aquí nos quedamos sin gente”, deplora.

    La importancia de invertir en tierras desde EE.UU.

    En su aldea los jóvenes siguen viajando a Estados Unidos. En ese caso, los incentiva para que aprovechen el tiempo y que realicen el viaje con metas claras. Y si vuelven, tendrán un pedazo de tierra para sembrar para sobrevivir.

     “Yo siempre les he dicho que, si se van a ir, pues no tirarse a los vicios, sino que compren terrenos y luego regresen a trabajarlos”, aconseja Carrillo.

    Daniel cuenta que muchos jóvenes no regresan porque logran adaptarse a un sistema bastante difícil, pero prefieren eso a volver a su tierra y dedicarse a la agricultura. Incluso él mismo intentó viajar cuando era joven, pero fue deportado. Su hijo, sin embargo, logró irse, a pesar de que Daniel intentó impedírselo.

    “Le dije que era muy duro el camino, que ahí lo tratan como se le dé la gana a uno y ¿qué tal si no llegas? “, le preguntó. Pero su hijo no tiró la toalla. “Gracias a Dios pues a él sí le fue bien, a los diez días que él salió de aquí ya estaba en migración, él tenía 23 años, pero lo bajamos a 17.  Gracias a Dios la migración no se dio cuenta”, confiesa.

    Su hijo ya lleva tres años viviendo en Estados Unidos y no quiere regresar, pero Carillo no pierde la esperanza de que su hijo regrese algún día para seguir cultivando café.

    21 min

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