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Turquía que vive un verdadero boom del turismo sanitario, desde tratamientos capilares hasta rinoplastias a precios mucho más baratos que en los países de Europa occidental. Unas cirugías que no están exentas de riesgos, ya que han proliferado clínicas sin licencia. En algunos casos, incluso con resultados fatales, como la muerte de una mujer española tras una cirugía a principios de agosto en Estambul.
De nuestro corresponsal en Estambul, Andrés Mourenza.
Si en el pasado el producto típico que más se relacionaba con Turquía era el kebab, desde hace unos años, además de las omnipresentes telenovelas turcas, el servicio más famoso del país euroasiático son los injertos capilares. Miles de extranjeros acuden cada año a Estambul y otras ciudades turcas a someterse a una intervención para poner fin a su alopecia.
Junto con este tipo de operaciones se han desarrollado otras cirugías. Solo el año pasado un millón y medio de turistas acudieron a Turquía a someterse a diferentes operaciones y tratamientos, desde aumentos de pecho a tratamientos oncológicos, dejando unos ingresos de 2.300 millones de dólares.
"El turismo médico en Turquía ha tenido un boom en los últimos años y para los pacientes hispanos lo principal que vienen es cirugía plástica, trasplante capilar y cirugía bariátrica", explica a RFI Daniela López, asesora médica colombiana que trabaja en Turquía desde hace seis años.
El cirujano Servet Terziler, presidente de la Asociación de Turismo Médico, explica las razones del éxito: "Resultados de mucha calidad a un precio muy bueno. Esto sucede porque, por ejemplo, 3.000 dólares en Turquía, por sus condiciones económicas, suponen un dinero por el que en Europa es imposible encontrar personal cualificado, allí cuesta varias veces más".
El Gobierno turco ha acreditado a más de 3.000 hospitales, clínicas y consultas médicas para atender a los pacientes extranjeros, pero la competencia es tal, que también hay centros médicos que actúan sin licencia.
Los precios de las cirugías en Turquía son ya de por sí entre dos y tres veces más baratos que en el resto de Europa y Norteamérica, pero estas clínicas sin licencias aún lo reducen más en busca de atraer clientes.
Periódicamente, surgen noticias de operaciones que han salido mal, de cirugías equivocadas o incluso de fallecimientos. Algunas fuentes del sector con las que hemos conversado y que han aceptado hablar a cambio de ocultar su identidad, lo atribuyen a que, en estos centros, buscando abaratar costes, utilizan materiales de peor calidad, reducen el personal o no toman las medidas de prevención adecuadas.
Algunos de estos casos han terminado en el despacho del abogado Cihan Topcu: "Yo veo, y otros amigos también, que todos estos casos tienen una cosa común. Se van a lo muy barato, a los médicos de hospitales más baratos, buscando en el mercado lo que es más barato y no hacen bien los contratos, no conocen a quién están hablando, envían dinero a cualquier cuenta".
El ministerio de Exteriores de España lanzó el año pasado una advertencia de viaje tras el fallecimiento de cuatro de sus ciudadanos en operaciones estéticas en Turquía, y avisa de que quienes se sometan a tratamientos deben asesorarse bien, ya que en el país euroasiático hay tanto clínicas de primera calidad como otras cuyos estándares distan mucho de la normalidad.
El temor por la expansión de la guerra entre Israel y el movimiento palestino Hamás en la Franja de Gaza a los países vecinos se hace cada vez más patente. En Líbano se mantiene en vilo a las poblaciones palestinas de los campos de refugiados, como el de Shatila, donde el corresponsal de RFI, Joan Cabasés Vega, recogió varios testimonios que narran sus emociones hacia sus compatriotas del otro lado de la frontera y también sus sentimientos hacia Israel.
Los palestinos que se refugian en Beirut tras la creación del Estado de Israel dicen que la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza no tiene capacidad de hacerles daño a nivel físico, pero sí a nivel emocional.
“Nos sentimos fuertes porque en la televisión vemos mucha gente que nos da apoyo”, contó Jamila, una palestina de 70 años que reside en el campo de refugiados palestino de Shatila, en la capital del Líbano. Siente dolor, pero también alivio por las muestras de solidaridad con Gaza. “Espero que Gaza cambie el mundo. Me impresiona que la población de todo el planeta nos dé más apoyo que los gobiernos árabes”.
En este campo de refugiados palestinos, Jamila dirige un colegio en el que transmiten a los niños el amor hacia Palestina, donde no pueden volver a pesar de que la legislación internacional les reconozca ese derecho. A ella misma, que nació en Líbano tras el exilio de sus padres a Beirut, le instalaron el recuerdo de su lugar de origen, hoy en territorio israelí.
“Yo soy de un pueblo llamado Yajur. Está cerca de Haifa. En mi espíritu, siento que soy una agricultora de Yajur. Mi abuelo, mi padre y mi familia decían que el pueblo tenía montañas verdes durante todo el año”.
En Líbano ella ha sobrevivido a guerras y a masacres como la de Sabra y Shatila, experiencias que la conectan con el actual desamparo en Gaza. “Vivimos bajo la sombra de la muerte. En cualquier momento puede venir alguien y matarnos. Los palestinos de allí y de aquí no tienen quienes les protejan. Vivir bajo esta sombra es algo muy duro”.
Recuerdo del dolor
Los palestinos en Líbano muestran su rechazo ante la ofensiva israelí. Y lo hacen especialmente en días señalados como el de la conmemoración de la Nakba, término con el que los palestinos recuerdan la expulsión violenta que sufrieron durante la creación del Estado de Israel, en 1948.
“El 15 mayo, día del aniversario de la Nakba, toda la población de Shatila salió a la calle, levantó la bandera palestina y gritó ¡Palestina Libre!, uniendo su voz por los niños de Gaza”, dijo a RFI Aya, una joven residente de Shatila y descendiente de exiliados palestinos.
Para los palestinos de los campos de refugiados de Beirut, la tragedia actual en Gaza les recuerda al proceso de expulsión que motivó su exilio hacia Líbano. “Encontramos un punto de encuentro entre lo que ocurre ahora en Gaza y lo que ocurrió en Palestina durante la Nakba de 1948”, recordó Jamila.
París ha implementado un dispositivo de seguridad experimental durante los Juegos Olímpicos. Cuarenta y seis de las más de 300 estaciones de la ciudad y sus alrededores están equipadas con cámaras de vigilancia que cuentan con tecnología de inteligencia artificial. Las autoridades aseguran que sirven para detectar movimientos u objetos sospechosos, pero asociaciones y usuarios temen que sea el primer paso hacia una violación al derecho a la privacidad.
La estación Stalingrad está ubicada en el noreste de París. Es una de las 46 que acogen durante los Juego Olímpicos un dispositivo de vigilancia con cámaras de seguridad e inteligencia artificial.
La única forma de saberlo es acercándose a la salida del metro. Un aviso amarillo indica que por medidas de seguridad los usuarios están siendo filmados.
Otro aviso, mucho más pequeño detalla que se trata de “video protección aumentada”, una forma de decir que un algoritmo revisa las imágenes para analizar el comportamiento humano, en busca de “situaciones u objetos sospechosos”.
“Pueden ser comportamientos muy triviales como cuando se reagrupan personas, cuando alguien está en el suelo o camina en contravía”, explica a RFI Noemie Levain, miembro de la asociación La Quadrature du Net, especializada en protección de datos privados y libertades digitales.
“Se está custodiando el espacio público, considerando ciertos comportamientos como anormales”, asegura. “Un grupo de amigos se puede juntar o una persona quieta en el suelo puede estar mendigando, por ejemplo. Eso no debería considerarse sospechoso. Hay un criterio moral detrás”.
Reconocimiento facial, la línea roja
A unas paradas de ahí se ubica la estación République, históricamente lugar donde nacen protestas espontáneas. “Se corre el riesgo de que la policía obtenga demasiada información sobre los manifestantes. En el futuro podrían usarlo para localizar individuos que lleven chalecos amarillos. Irán es un ejemplo extremo, pero ahí se usa esta tecnología para identificar a mujeres que usan el velo de forma indebida”, dice Levain.
El dispositivo no integra el reconocimiento facial. “Sería una línea roja”, para la asociación.
De hecho, la empresa privada que ganó la licitación y que opera esta tecnología en el experimento del metro asegura que no se analizan datos biométricos, solo comportamientos.
“Pero sí hay una voluntad política de legalizar estas tecnologías y pasarlas a otro nivel. Lo dicen informes parlamentarios. Nos preocupa que el Estado pueda tener gran cantidad de informaciones, tratarlas de forma automática y decidir qué tipo de actividad merece ser detectada”.
En Francia, una ley votada en 2023 y denominada Juegos Olímpicos autoriza esta vigilancia algorítmica hasta marzo de 2025. El marco legal europeo lo legitima, ya que deja cierta libertad a los países miembros de la Unión Europea.
“El bloque adoptó hace unos meses un reglamento sobre inteligencia artificial que incluye usos prohibidos. Francia presionó para introducir muchas excepciones a la prohibición del reconocimiento facial y de la categorización biométrica”, denuncia La Quadrature du Net.
"No nos dejan opinar"
“Además”, agrega Noemie Levain, “es deber del Estado informar sobre el uso de la inteligencia artificial en el espacio público”.
Frente al cartel, los usuarios del metro pasan de largo. Cuando se les pregunta por el avisito que habla de inteligencia artificial, dicen no estar enterados, pero tampoco se asombran.
“Todos sabemos cuál es la intención. No me da miedo y tampoco estoy a favor, sencillamente no nos dejan opinar", dice una usuaria a RFI. “A lo mejor sirve de algo. A mi hija la agredieron aquí mismo y desde entonces no toma el metro”, comenta una residente del barrio. “Si ayuda a protegernos estoy de acuerdo, pero si sirve para espiarnos es abusivo”.
Estudios sociológicos señalan que las cámaras tienen poca eficacia a la hora de combatir la delincuencia. Hace más de una década, un informe del Tribunal de Cuentas apuntaba que en la ciudad de Niza, la que mayor uso hace de las cámaras de seguridad, solo el 1,2% de los delitos resueltos lo han sido gracias a la video vigilancia, por un costo anual de 17 millones de euros.
Los Juegos Olímpicos suelen ser un evento reconciliador, en el que las diferencias quedan de lado y se reconoce el esfuerzo de los atletas sin importar su origen. En el espíritu olímpico, los abucheos y burlas son tabú. Sin embargo, en París 2024, hay una excepción: ser miembro de la delegación argentina. Los silbidos contra los deportistas argentinos se han repetido desde el inicio de la cita. Una respuesta de los aficionados franceses a los cánticos racistas de los argentinos desde el Mundial de 2022 y que retomaron sus futbolistas tras su reciente título en la Copa América.
Argentina parece no ser la bienvenida en estos Juegos Olímpicos 2024. Los abucheos contra sus atletas se repiten desde el inicio de la cita deportiva, como pasó con los silbidos al himno argentino en el partido de fútbol inicial contra Marruecos. Volvieron a repetirse en otros encuentros e incluso en la ceremonia de apertura.
Cantos racistas
Algo que ha descolocado a los hinchas argentinos. “Me pareció muy fuerte. Eso hay que respetarlo, es el himno del país, hay cosas que no”, comentó Carla a RFI. A Anahí, de 47 años, le duele este desprecio, hasta el punto de emocionarse al recordarlo: “Es feo sí, te emocionas cuando… qué sé yo, sí”, nos dijo con lágrimas en los ojos.
Sin embargo, algunos deportistas argentinos le restaron importancia al asunto, como el jugador de rugby Santiago Álvarez en declaraciones al canal TYC Sports: “No sabía que iba a ser tanto, pero bueno, también es lo lindo, es lo lindo. En Argentina pasa igual. Los franceses son muy parecidos a nosotros, son muy pasionales, así que es lindo. Es un condimento más”, afirmó.
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Pero, ¿por qué pasa esto? Para Karim Baldé, periodista deportivo, se debe a la polémica del canto racista contra Francia entonado por los jugadores argentinos tras la victoria en la Copa América. Esto revivió también la amarga derrota en la final del Mundial de Catar.
Esto lo llevó a chiflar contra la delegación argentina durante la ceremonia de apertura: “Soy más bien de los que aplauden y son fair play, pero es verdad que ese día silbé. Simplemente, porque, más allá de la actitud que considero estúpida de los jugadores argentinos con sus cantos, el problema fue lo que siguió, las pocas disculpas que hubo. Incluso de las autoridades. No tengo la impresión de que haya el más mínimo arrepentimiento, mientras que, a mí, como francés y además negro, obviamente me choca”.
“Rivalidad ocasional”
Para otros franceses, en cambio, este comportamiento no es normal. Así nos lo expresó Jean-Baptiste, que fue a hinchar por Argentina en el partido de vóleibol contra Japón, vistiendo la camiseta albiceleste: “Creo que hicieron una tontería. Igual, es algo que vimos en muchos deportes. Tenemos que pasar página”.
Una opinión compartida por Maxime, proveniente de Nancy: “No estoy de acuerdo. Para mí, estamos en los Juegos Olímpicos y hay que apoyar a los atletas franceses, pero también a todos los atletas, porque si están aquí es porque se lo merecen. Así que, si un argentino le gana a un francés, yo lo aplaudo. Al final, son los mejores los que ganan”, subrayó.
Aunque la rivalidad entre ambos países es latente en este momento, algunos franceses, como Nicolas, insisten en que no va más allá. “No es una rivalidad cultural. Para mí, es una rivalidad ocasional y eso es todo, mientras permanezca en el ámbito deportivo, está todo bien”, estimó.
De hecho, la mayoría de los argentinos consultados por RFI comprenden la reacción de los franceses y aseguran que no les ha afectado durante su estadía. “Son respetuosos y la estamos pasando súper bien”, recalcó Facundo, que vino a ver los Juegos con amigos desde Rosario.
No es el caso de Abril, de 14 años, que vivió situaciones incómodas con su familia, aunque admite que el clima ha mejorado: “Estos últimos días nos empezaron a saludar más, como que ‘¡Vamos Argentina!’. Ya llegó un punto de los Juegos Olímpicos en los que bajaron un cambio, como que ya lo superaron, pero me parece que se va a volver a poner picante ahora con los cuartos”.
Resta ver si esta tregua logra sobrevivir al duelo entre Argentina y Francia en cuartos de final de fútbol de este viernes. “Con todo lo que pasó recientemente, todos los franceses se vieron afectados”, comentó al respecto el futbolista olímpico francés Jean-Philippe Mateta, que jugará mañana.
La Villa Olímpica, y algunas sedes olímpicas como el Estadio de Francia, el Centro Acuático Olímpico o la Sede de Escalada de Le Bourget, se ubican en Seine-Saint Denis, al noreste de París. Es un dispositivo inédito para este departamento, históricamente el más pobre de Francia. Decenas de proyectos de infraestructura se han realizado en el marco de los Olímpicos pero, para asociaciones deportivas que acompañan a los jóvenes, queda mucho por hacer para rescatar las instalaciones vetustas.
La ciudad de Bagnolet está ubicada a media hora en auto de la ciudad de Saint Denis, que acoge las sedes olímpicas. Sin embargo, se encuentra en el mismo departamento.
La comuna tiene tres estadios, de los cuales el principal es el Parque de la Briqueterie, construido en 1970. Las gradas son de cemento. “Pero la maleza ha invadido el concreto”, muestra a RFI Serge Reitchess, exprofesor de deporte y fundador del Colectivo por la defensa y la promoción de la educación física (CoPER 93) en Seine-Saint Denis.
El estadio consta de una cancha de fútbol y de una pista de atletismo de ceniza. “Las pistas de ceniza solían usarse antes de la Segunda Guerra Mundial y en los Juegos de 1936”, explica Reitchess. “Cuando llueve, se forman charcos y se puede practicar aquí un duatlón de atletismo y natación”, bromea.
El exmaestro de educación física apunta que el césped está bien conservado a pesar de la saturación. “Según las normas, las canchas de pasto como esta no deben aguantar más de 10 horas de entrenamiento por semana. Esta se usa 20 horas a la semana”.
"Hay una piscina para 20.000 habitantes"
El departamento de la Seine-Saint Denis se clasifica de último en Francia en materia de infraestructura deportiva. “Hay 16 instalaciones por cada 10.000 habitantes. El promedio en Francia es de 50”, detalla.
En cuanto a piscinas, las cifras muestran que hay mitad menos que en Francia. “El promedio nacional es de una piscina cada 10.000 habitantes, aquí hay una piscina para 20.000, por lo que el 70% de los niños no sabe nadar”, deplora Reitchess.
Otro efecto de la escasez de instalaciones deportivas es que se reducen las horas dedicadas a la educación física en los colegios. “Los alumnos tardan 20 minutos en llegar al estadio".
El colectivo pensó hace unos años que la llegada de los Juegos Olímpicos París 2024 a la Seine-Saint Denis iba a atraer mayor inversión pública en el sector deporte.
Gasto público insuficiente
“El comité olímpico evocó desde que se propuso la candidatura de París la cuestión de la herencia material para que la población pueda practicar más deporte”, asegura Serge Reitchess.
Apunta que se planea trasladar las dos piscinas del centro La Defense Arena de Nanterre a las ciudades de Sevran y Bagnolet. “Pero no sabemos cómo ni cuándo. Aún con ellas, lo que falta es financiamiento. Las autoridades dicen que es muy costoso”, lamenta.
Serge Reitchess y su colectivo, que han integrado incluso alcaldes, concejales y diputados, piden mayor inversión pública, para no depender de los patrocinadores privados.
El camino es largo y difícil: estiman que se necesitan 30 mil millones de euros de gasto público para recuperar el retraso, o sea al menos siete veces lo que estaría costando al Estado organizar París 2024.
Los preparativos de cara a los Juegos Olímpicos alteraron el centro de París, que se ha visto vallado e inundado de controles. Esta situación tiene un fuerte impacto en la actividad de los comercios, principalmente, en aquellos situados dentro del perímetro de seguridad al borde del río Sena. Los turistas escasean en la zona, mientras los vendedores cierran sus negocios o hacen malabares para salir adelante.
En París, el perímetro de seguridad de los Juegos Olímpicos restringe el acceso a las orillas del Sena y sus islas, presentando un paisaje excepcional en una zona que suele estar abarrotada de turistas. Las calles están semi desiertas, pobladas de vallas y policías. Apenas hay movimiento, a tal punto que se escucha el ruido del agua.
“Estamos bloqueados”
Para entrar en el centro de la capital es necesario un código QR, algo no previsto por la mayoría de visitantes. Esto impactó de lleno en los comercios que casi no tienen clientes, según nos cuenta un empleado de una tienda de recuerdos vecina a la Catedral de Notre Dame: “Estamos bloqueados, todos los negocios están cerrados y no hay nadie. Pensé que íbamos a facturar más, pero lamentablemente está vacío”.
Una situación que también sorprende a los turistas, como Chloe Gibson, una escocesa que visita por segunda vez la ciudad acompañada de amigas. “Definitivamente parece mucho más tranquilo. Estamos un poco sorprendidas por la falta de ambiente, especialmente antes de los Juegos Olímpicos. Y sí, con el pase de los Juegos y todas esas cosas, es mucho más estresante moverse por la ciudad”, cuenta.
Una vendedora de helados nos explica que fueron informados sobre los QR de acceso, pero no sabían que la zona iba a ser cercada a este punto. “La gente tiene miedo de pasar por los controles policiales, entonces ya no pasean por nuestra calle, que es súper turística”, lamenta.
“No vale la pena”
Esto alteró los horarios de apertura de los comercios y la mayoría optó por el cierre. Tal es el caso de los bouquinistes, los míticos libreros de orillas del Sena. Christian Nabet, bouquiniste desde hace 40 años, comenta que “los días buenos, hay uno o dos clientes, así que mis colegas no abren porque realmente no vale la pena”.
Algo similar pasa con los restaurantes, como nos cuenta Romain, del Louis Philippe: “En temporada alta, trabajamos mucho con el buen tiempo, pero ahora tenemos una caída del 80-90% en la facturación diaria”.
Por eso, decidieron solicitar una indemnización al Estado, pero aún no saben si van a recibirla.
Los Juegos Olímpicos de París 2024 están acompañados de un dispositivo de seguridad sin precedentes. No sólo a nivel nacional, sino también en la historia del megaevento deportivo. A diferencia de los Juegos precedentes, las autoridades francesas decidieron que la cita deportiva tenga lugar en el corazón de París, lo que supone un desafío para las fuerzas de seguridad.
Entre 30.000 y 45.000 policías y gendarmes patrullarán las calles de París durante los Juegos. Eso, sin contar los más de 20.000 agentes de seguridad y los 18.000 militares desplegados para responder ante cualquier amenaza durante el evento. Incluso habrá casi 2.000 efectivos de fuerzas procedentes de unos cuarenta países.
Un dispositivo excepcional que, sin embargo, no podrá garantizar una seguridad absoluta, según nos explica el vicepresidente del Instituto Choiseul, Jean-François Daguzan. "Nunca hemos visto un dispositivo de esta calidad por la gran dificultad de garantizar la seguridad en un perímetro tan largo y esto comporta dificultades", afirma el experto.
El control se efectuará por cielo, río y tierra, y habrá incluso un dispositivo de lucha antidrones. Todo ello, para hacer frente a las múltiples amenazas de este evento.
"Los islamistas siempre están en situación de tratar algo, también está la guerra en Ucrania. Podemos imaginar acciones o influencia y desinformación por parte de los rusos. Y también más precisamente, está la amenaza a los israelíes", explica Daguzan.
El caso de los deportistas israelíes es particular por el contexto de la guerra en Gaza. El riesgo de repetir un atentado como el de los Juegos de Munich 1972 es real. Y es que la cita olímpica es uno de los eventos más seguidos en el mundo.
Ante estas amenazas, las autoridades francesas ya han desbaratado al menos cuatro "acciones violentas" y detenido a varias personas, el último un ruso sospechoso de querer "organizar operaciones de desestibilización".
"El trabajo de la policía es actuar antes que aparezcan los problemas. Se plantea de modo efectivo y el trabajo es de prevención. Parece que la policía indentificó a 3.000 personas en situación de riesgo terrorista", afirma el experto. Efectivamente, según datos del ministerio del Interior francés, se rechazó la acreditación a 3.512 personas susceptibles de suponer una amenaza para la seguridad del evento.
Este trabajo incluye el uso de medios tecnológicos y cámaras de videovigilancia. Un mega despliegue que hace temer "una deriva autoritaria" de las fuerzas del orden.
La decisión de retirarse de Biden da un vuelco a la campaña a la Casa Blanca e insufla esperanza a los demócratas. Su vicepresidenta, Kamala Harris, ha dado ya un paso al frente y ha recibido varios apoyos explícitos. RFI ha podido tomar la temperatura dentro de las filas del Partido Demócrata con Jim Cohen, uno de sus representantes en Francia y profesor de la Universidad de la Sorbona.
RFI: La renuncia de Joe Biden abre un escenario incierto en la carrera por la Casa Blanca. Es una patada al tablero que cambia por completo la contienda con Donald Trump a menos de cuatro meses de las elecciones, con el respaldo de muchos pesos pesados del Partido Demócrata a la vicepresidenta Kamala Harris. ¿La primera sensación dentro de las filas demócratas es el alivio?
Jim Cohen: Yo creo que sí hay un gran alivio. No tenemos mucho tiempo para quedarnos en esa sensación porque tenemos una gran batalla y en tres meses tenemos que ganar. Es un gran reto pero por el momento sí hay un gran alivio porque una semana más con esta incertidumbre de la candidatura de Biden nos hubiera hundido. Ahora nos podemos salvar.
Había cada vez más presión de parte de los senadores y representantes a la Cámara. Algunos dijeron públicamente que no era posible ganar con Biden. El presidente supo escuchar el mensaje a última hora.
Leer tambiénKamala Harris, ¿un as bajo la manga demócrata?
RFI: Harris ha recibido una ola de apoyos dentro de los demócratas. Pero, ¿su nominación sería directa o quizás sería mejor una especie de primaria o cualquier otra fórmula?
Jim Cohen: Ya pasó la temporada de las primarias y ganó el presidente. Pero los delegados electos en estas primarias que se comprometieron por Biden ahora pueden comprometerse por Kamala Harris. Creo que la mayoría de ellos lo harán. Va a haber un proceso abierto, pero con muy poca competencia porque mucha gente quiere seguir la campaña con una sola candidata y no tres o cuatro.
RFI: Ahora la Convención Nacional Demócrata que se iniciará el 19 de agosto próximo en Chicago se prevé como el pistoletazo de salida para el nuevo o previsiblemente la nueva líder demócrata. El perfil de Harris dota la campaña de una nueva perspectiva. ¿Cuáles son los puntos fuertes que explotar frente a Donald Trump?
Jim Cohen: Tiene experiencia de gobierno. En los medios de comunicación han dicho desde hace tiempo que no aparece mucho, que es muy discreta, que no se sabe lo que hace. Pero en realidad tiene muchas actividades como vicepresidenta.
Creo que va a poder gobernar, va a poder movilizarnos mejor que antes y que como mujer afro caribeña de un lado de su familia y un india del otro lado puede también volver a movilizar a muchos electores jóvenes de color que necesitamos.
Este sábado 20 de julio, Chipre conmemora 50 años de la invasión turca. Medio siglo después, el conflicto sigue sin solucionarse pese a los reiterados intentos de mediación de la ONU, y sus repercusiones internacionales se sienten hasta ahora.
Por nuestro enviado especial a Nicosia, Andrés Mourenza
Chipre es el único país de la Unión Europea que continúa dividido por un muro. Vallas, alambre de espino, torretas y una fuerza de interposición de Naciones Unidas separan a la comunidad turca del norte y a la comunidad griega del sur.
Es un remanente de la Guerra Fría, de los procesos de descolonización, de los conflictos étnicos del antiguo imperio otomano. Y de la incapacidad de la comunidad internacional por negociar una solución.
Un viejo conflicto
Este mes se cumplen 50 años de la partición. El 15 de julio de 1974, la Junta Militar de Grecia promovió un golpe de Estado para forzar la anexión de la isla, y Turquía respondió lanzando una invasión por mar y aire.
“Con las bombas cayendo sobre nosotros, mi madre tenía miedo de los aviones. Condujimos lo más rápido que pudimos para salir de Famagusta, con los tanques entrando desde el norte”, cuenta el empresario grecochipriota Andreas Lordos, que tenía seis años aquel verano de 1974.
Con todo, el conflicto entre las dos comunidades de la isla había comenzado antes. El profesor turcochipriota Mete Hatay recuerda todavía esa época: “Yo crecí en un gueto. Hasta 1968 no pudimos salir de él, porque estaba asediado. Teníamos a los paramilitares turcochipriotas defendiendo los pueblos, luego a los de las Naciones Unidas y más allá los paramilitares grecochipriotas”, explica.
Un conflicto avivado por el poder colonial, Gran Bretaña, a fin de retrasar la concesión de la independencia, que finalmente se produjo en 1960, a cambio de mantener dos inmensas bases soberanas en la isla que aún le sirven a Londres para sus operaciones militares en Oriente Próximo y el Mediterráneo Oriental.
Un muro infranqueable durante años
Tras la invasión turca, los turcochipriotas buscaron refugio en el norte, los grecochipriotas huyeron al sur. La división de la isla se consumó en un muro infranqueable durante décadas.
“Yo tenía 21 años la primera vez que conocí a un grecochipriota y tuvo que ser en el extranjero. Nos contaron que los grecochipriotas eran nuestros enemigos, que habían tratado de exterminarnos y que la única solución para nosotros era vivir en el norte de Chipre”, comenta Ipek Borman, cofundadora de la Coalición Bicomunal de Mujeres de Chipre.
En los últimos 20 años, se han ido abriendo progresivamente puntos de cruce en el muro, lo que ha impulsado el contacto entre las dos comunidades de la isla, pero los intentos de negociar la reunificación han fracasado, el último en 2017.
Paradójicamente, las áreas alrededor del muro, como Nicosia, la capital dividida de Chipre, se han convertido en punto de acercamiento, pero los habitantes de ambos lados que habitan más lejos de la línea divisoria, en las ciudades costeras, viven completamente de espaldas a la otra parte.
La razón, explica la política grecochipriota Christiana Xenofontos, tiene que ver con la propaganda nacionalista: “Durante muchos años hemos influido a nuestros hijos mediante la educación, obligándoles a usar unas determinadas lentes para leer la historia”, lamenta.
A medida que pasa el tiempo, la división se consolida. Los chipriotas se acostumbran al status quo y mueren quienes sí conocieron la convivencia anterior a la partición. Y así, el conflicto, aunque sea un conflicto ya sin combates ni muertes, se enquista.
París es una de las ciudades más turísticas del mundo. El año pasado en los meses de verano, entre junio y agosto, la capital francesa recibió 10 millones de visitantes. Este 2024 con los Juegos Olímpicos se esperan incluso más. Sin embargo, algunos turistas han preferido venir antes, para disfrutar de sus monumentos con más tranquilidad, pero se han encontrado con la sorpresa de que los preparativos dificultan su visita.
El sonido de las obras ha pasado a ocupar el del clásico acordeón que todos imaginamos en una visita a París. A pocos días de los Juegos Olímpicos, la ciudad sigue preparándose: Seguridad, calles cortadas o vallas para cercar las zonas de competición han pasado a formar parte de la estampa habitual de la capital.
La plaza de Trocadero, conocida por ser uno de los mejores lugares para hacerse fotos con la Torre Eiffel de fondo, está casi desierta. Con la parada de metro cerrada, el tráfico restringido y la colocación de vallas que obstruyen la vista, los turistas prefieren acercarse a otros lugares como la zona del Louvre.
Allí, Luciano, que ha llegado de Argentina junto con su pareja y unos amigos, nos cuenta: "Llegamos ayer a la tarde con la intención de recorrer hoy París y nos encontramos con que está todo cerrado y medio complicado para recorrer y conocer".
Lo que más nos impresiona no es la cantidad de turistas, porque esperábamos muchos, sino cómo está la ciudad acordonada
"Sí que sabíamos que están los Juegos Olímpicos y que la inauguración es el día 26, pero esperábamos que no estuvieran tan cerrados todos los edificios históricos", nos dice María, de España.
Procedente concretamente de Ávila, visita la capital con sus dos hijos y su esposo, Eduardo, que comparte opinión: "Lo que más nos impresiona no es la cantidad de turistas, porque esperábamos muchos, sino cómo está la ciudad acordonada. Todos los edificios están vallados y con muchos carteles publicitarios que no te dejan ver bien los edificios y sus fachadas. Es un poco decepcionante".
Nos acercamos al Ayuntamiento, punto de partida habitual de tours organizados. Allí Richard, guía turístico peruano, nos cuenta cómo la ciudad ha cambiado: "La mayoría de los monumentos están bloqueados, al menos en el centro. Nos adaptamos día a día. Al menos muchos museos están abiertos y no hay problema, pero hay que adaptarse".
Durante los Juegos Olímpicos se espera otro tipo de visitantes, que vendrán a apreciar la ciudad, pero sobre todo a asistir a los eventos deportivos. La cita olímpica termina el 11 de agosto y será a partir de ahí cuando París empiece a regresar a la normalidad.
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